ALFRED ADLER

Antecedentes Biográficos

Alfred Adler, el segundo de seis hijos de un mercader exitoso, nació en 1870 y fue criado en un suburbio de Viena. Describió su infancia corno difícil e infeliz. Sufrió de raquitisrnó, una enfermedad deficitaria infantil que afecta a los huesos haciéndolo desmañado y torpe. Al principio, recibió toda la atención de sus padres, pero cuando su hermano menor nació Alfred sintió que su madre transfirió su atención hacia él. Se sentía desplazado y se volvió hacia su padre, quien lo favorecía y esperaba grandes cosas de él.

Cuando tenía tres años de edad, vio a su hermano menor morir en la cama contigua. Dos veces durante su infancia Adler fue atropellado en las calles. Comenzó a temer a la muerte, y su temor fue incrementado por un ataque de neumonía a la edad de cuatro años. Más tarde, debido a esta enfermedad casi fatal descubrió su interés por convertirse en médico.

En la escuela era un estudiante promedio. En un momento su profesor sugirió a su padre que lo sacara de la escuela y lo llevara de aprendiz con un zapatero. No obstante, se elevó a una posición superior en la escuela, en especial en matemáticas, la que originalmente había tenido más dificultad para dominar. A pesar de sus incapacidades físicas, desarrolló valor, interés social y un sentimiento de ser aceptado en los juegos por otros niños. Su interés y alegría por la compañía de otros continuó a lo largo de toda su vida.

Su físico débil y sus sentimientos de inferioridad durante la infancia encontraron expresión más tarde en sus conceptos de inferioridad orgánica y la lucha por llevarse bien con los demás se reflejaron en su convicción de que el ser humano es un animal social y cultural y en el concepto adleriano de interés social.

Adler estudió medicina en la Universidad de Viena, donde Freud había recibido su entrenamiento médico. Aunque fue capacitado como especialista ocular, se convirtió en médico general y más tarde se estableció corno neurólogo y psiquiatra practicante. En 1902 fue invitado por Freud a unirse a un grupo para discusiones semanales sobre el psicoanálisis. Este grupo creció hasta convertirse en la Sociedad de Psicoanalítica de Viena, de la cual Adler fue el primer presidente, y más tarde se volvió la Asociación Psicoanalítica Internacional.

Hay muchas historias concernientes a la asociación de Adler con Freud y su separación subsecuente. Adler nunca fue un estudiante de Freud ni fue psicoanalizado nunca. Se unió a las discusiones debido a que estaba interesado en el psicoanálisis, pero desde el principio descubrió punto de desacuerdo. Para 1911 estas diferencias parecieron cruciales. Adler fue invitado a exponer su perspectiva ante la sociedad, y lo hizo, pero sus opiniones fueron reprobadas, él renunció y alrededor de un tercio de sus miembros la dejaron con él.

Adler fundó su propio grupo y atrajo a muchos seguidores. Sirvió en el ejército austriaco durante la Primera Guerra Mundial. Después asesoró al gobierno en el establecimiento de clínicas de guía infantil en Viena.

Aunque él y Freud practicaron en Viena durante la década de 1920 y principios de la de 1930, no se asociaron entre sí.

Adler visitó los Estados Unidos con frecuencia y fue a vivir allí en 1935. continuó su práctica privada, aceptó un puesto como profesor de Psicología médica en la Escuela de Medicina de Long Island y dictó conferencias con amplitud. Murió en forma repentina en 1937 debido a un ataque cardiaco mientras realizaba un viaje de conferencias en Escocia; tenía 67 años de edad.

Interés Social

Un concepto destacado de la Psicología individual de Adler es su énfasis en la importancia de la cultura y la sociedad humanas. Esta última es crucial no sólo para el desarrollo de la personalidad de un individuo, sino también para la orientación de cada una y todas las conductas y emociones en la vida de una persona.

Los seres humanos, como todas las criaturas vivientes, son impulsados por ciertos instintos, impulsos o necesidades innatos. Todos los organismos vivientes sienten un impulsos por conversar la vida, lo cual causa que busquen alimentación. Tienen una compulsión para reproducirse, lo cual encuentra su expresión en el sexo. Aunque gran parte de la conducta de los animales inferiores parece estar regulada por los instintos, esto no es así en la conducta humana. Los seres humanos han “domado” sus instintos y los han subordinado a sus actitudes hacia el ambiente. En ocasiones, niegan o desobedecen sus instintos naturales debido a sus relaciones sociales. Un prisionero puede morir antes que traicionar a su país. Un niño pequeño puede rehusarse a comer si cree que esta táctica le da una ventaja en una lucha de poder con sus padres.

Este moldeamiento de la expresión instintiva en términos de la actitud propia hacia el ambiente sugiere que subyacente a todos los demás instintos y necesidades está la característica innata del interés social. El interés social se refiere al impulso en la naturaleza humana para adaptarse a las condiciones del ambiente social. El interés social se expresa de manera subjetiva en la conciencia de un individuo de tener algo en común con otras personas y de ser uno de ellos.

Se expresa en forma objetiva en la cooperación con los demás hacia el mejoramiento de la sociedad humana. Esta característica social innata, aunque común a todos, no surge de manera automática ni encuentra en forma invariable expresión constructiva. Debe ser cuidada y cultivada en la infancia si los niños pequeños han de lograr un cumplimiento adecuado de las demandas complejas de la sociedad y han de trabajar hacia su perfección.

Finalismo

La personalidad y características de un individuo son desarrolladas por las actitudes que adopta hacia el ambiente social en la infancia  temprana. Esto ocurre por medio de la actividad orientada hacia el objetivo de la psique humana. Adler enfatizó el hecho de que le movimiento de todos los seres vi vos es gobernado por objetivos. No podernos pensar, sentir, tener voluntad o actuar, excepto con la percepción de algún objetivo. Tratar de entender la conducta humana en términos de causas externas es no entender los fenómenos psíquicos. Si conocemos el objetivo de una persona, comenzarnos a entender en una forma general la conducta del individuo.

Cuando una persona se comporta de una cierta manera naturalmente nos preguntarnos por qué. Los esfuerzos anteriores por responder esta pregunta habían enfatizado las explicaciones materiales y mecánicas. Freud sostenía que no es suficiente buscar causas fisiológicas; también debernos tratar de entender los motivos psicológicos que subyacen a los acontecimientos conductuales. Sin embargo, Freud fue engañado por el principio de causalidad al considerar estos motivos corno anteriores y buscar en el pasado la explicación de toda la conducta humana. Adler enfatizó la determinación de la conducta humana al reconocer que la fuerza motivacional de toda acción humana es el objetivo y orientación futura de esa acción. Esto significa que para Adler la psique humana está orientada en forma teleología. Se recordará de la discusión de Jung que el término “telos” significa un propósito u objetivo. Adler concordaba con Jung en que la teleología es necesaria para un entendimiento completo de la personalidad. Para Adler, el objetivo que persigue el individuo es el factor crucial y llamó a este concepto de orientación hacia el objetivo el principio de finalismo.

Adler sugirió que muchos de nuestros objetivos guiadores son ficciones. Su uso del término “ficción” puede ser desconcertante. Adler no equipara la ficción con la falsedad: más bien indicó que no podemos saber si nuestros objetivos son verdaderos o falsos, debido a que no hay manera de probarlos en forma científica. “Ficción” proviene de la raíz latina fictio, la cual significa “inventar”, “moda” o “construir”. Somos incapaces de tener un entendimiento completo de las cosas como son en realidad, asi que estructuramos nuestra propia idea de la realidad. Las “ficciones” son interpretaciones de individuos o grupos de los acontecimientos del mundo.

Son supuestos filosóficos. Por ejemplo, se puede asumir que es mejor decir la verdad, que todas las personas son básicamente buenas o que el trabajo duro al final retribuirá. En el vocabulario adleriano, estos conceptos básicos son finalismos ficticios. Adler estaba en deuda con un filosófico anterior, Hans Vaihinger, por su concepto de los finalismos ficticios. Vaihinger escribió un libro, The Philosophy of “As-it”, en el que sugirió que las personas crean ideas que guían su conducta. Bajo la influencia de una ficción, las personas se comportan “como si” sus objetivos fueran ciertos. Si las personas creen que es para su mejor ventaja ser honesto, lucharán por serlo, aun cuando no hay forma en la que puedan probar al final esa creencia como una hipótesis. Es importante señalar que los psicólogos a menudo también plantean finalismos ficticios en sus discusiones sobre la vida correcta.

Conceptos tales como la “personalidad saludable” y la “autorrealización” funcionan como finalismos ficticios y no pueden ser saludable o enfermiza. Adler sostenía que es inapropiado juzgar una ficción como verdadera o falsa, correcta o incorrecta; más bien, el objetivo debe ser juzgado de acuerdo con su utilidad. El concepto de Adler de la utilidad de los finalismos ficticios no debe confundirse con el de utilidad con referencia a la hipótesis científica. La hipótesis científica es útil si puede generar predicciones acerca de las experiencias que se podrían observar. La creencia en una deidad ·y el deseo de servirle han probado ser una ficción valiosa para muchos individuos. Para otros, sin embargo, la creencia en Dios y el deseo de complacerlo han tenido efectos perjudiciales. No viene al caso el hecho de que Dios exista o no en realidad; el punto es que sea creencia en Dios tiene un efecto demostrable, positivo o negativo, en la conducta y la vida de un individuo. Las personas saludables examinan en forma continua la efectividad de sus ficciones y alteran sus objetivos cuando ya no son útiles. Mantienen sus ficciones en un estado de flujo a fin de satisfacer las demandas de la realidad.

Lucha por la Superioridad

Adler sugirió que la psique tiene como su propósito primario el objetivo de la superioridad. Este es el finalismo último por el que luchan todos los seres humanos y da dignidad y coherencia a la personalidad. En principio Adler concibió a la agresión como la fuerza motivadora primaria. Más tarde, identificó al impulso primario como un ansia de poder. Luego refirió el concepto de un impulso hacia el poder y sugirió que la dinámica esencial de la naturaleza humana escrita en su lucha por la superioridad. Por último cambio de la lucha por la superioridad no implica el significado cotidiano de la palabra “superioridad”. Este no quiere decir que de manera innata busquemos sobrepasarnos unos a otros en categoría o posic1on, ni significa que tratemos de mantener una actitud de importancia exagerada sobre nuestros semejantes. Más bien el impulso de superioridad implica el deseo a ser competente y efectivo en cualquier cosa que cada individuo luche por hacer. El concepto es similar a la idea de Jung de autorrealización. Adler uso con frecuencia el término perfección corno un sinónimo para la palabra superioridad.

Este término también puede ser engañoso a menos que se reconozca su origen en el latín perfectus, que significa completo o hecho entero. La lucha por la superioridad puede tornar la forma de un ansia exagerada de poder. Un individuo puede buscar ejercer control sobre objetos y personas y jugar a ser Dios. El objetivo puede introducir una tendencia hostil en nuestras vidas en las que jugamos juegos de perro corre perro.

Pero estas expresiones del objetivo para la superioridad son abortivos y no reflejan su naturaleza constructiva.

La pugna por la superioridad es innata y es parte de la lucha por la supervivencia que los seres humanos comparten con otras especies en el proceso de evolución. De acuerdo con Adler la vida no es motivada por la necesidad de reducir tensión o restaurar equilibrio como Freud tendía a pensar más bien la vida es alentada por el deseo de moverse de abajo hacia arriba de menos a más bien, de inferior a superior. Este movimiento implica adaptarse uno mismo al ambiente y dominarlo. Las formas particulares en que los individuos emprenden esta búsqueda son determinadas por su cultura, su propia historia y su estilo de vida.

Sentimientos de inferioridad.

La lucha por la superioridad surge debido a que como seres humanos nos sentimos inferiores. Los sentimientos de inferioridad tienen su origen en nuestro encuentro con el ambiente nacemos inmaduros, incompletos e incompetentes para satisfacer incluso nuestras necesidades básicas. Hay un periodo prolongado durante el cual somos dependientes casi por completo de otras personas para nuestra supervivencia. Los sentimientos son inescapables, pero también invaluables ya que proporcionan la fuerza motivadora principal que conduce a la maduración. Nuestros esfuerzos y éxito en la maduración y el desarrollo pueden ser considerados como intensos por compensar y vencer nuestras inferioridades y debilidades imaginadas o reales. Por tanto los sentimientos de inferioridad no son desviados sino que son la base para todas las formas de logro y mejoramiento humanos en la vida.

El concepto de la naturaleza humana como impulsada por sentimientos de inferioridad se le ocurrió por primera vez a Adler durante su práctica de medicina general. Observó que muchos de sus pacientes localizaban sus malestares en órganos corporales específicos. Hipotetizó que en muchos casos un individuo nace con un órgano potencialmente débil que puede no responder en forma adecuada a las demandas externas. Esta inferioridad del órgano puede tener efectos profundos tanto en el cuerpo como en la psique. Puede presentar un efecto perjudicial y conducir a trastornos neuróticos pero también ser compensado y conducir a logros óptimos. Un ejemplo histórico clásico de compensación se encuentra en la historia del griego antiguo Demóstenes quien sufrió en su infancia de un impedimento del habla. Aprendió a vencer su tartamudeo y se convirtió en un gran orador forzándose así mismo a gritar frente al océano con guijarros en la boca. Más tarde Adler amplió el concepto de inferioridad sea real o imaginario.

En sus primeros escritos Adler denominó a la compensación de las inferioridades, la protesta masculina. En esa época asoció a la inferioridad con la feminidad. Este concepto encuentra expresión común en las referencias al sexo débil o fuerte. Adler mismo quedó insatisfecho con esta perspectiva miope. Las mujeres y los hombres son diferentes desde el punto de vista biológico, pero ningún sexo es inferior. Más tarde, Adler enfatizó que la inferioridad es una condición de la existencia que afecta a hombres y mujeres por igual. En ese sentido. Adler se convirtió es uno de los primeros defensores de la liberación de las mujeres. De manera básica reconoció que la pretendida inferioridad de las mujeres era una designación cultural en lugar de biológica.

Las opiniones de Adler fueron fomentadas sin duda por su matrimonio con Raissa Epstein, una integrante de la intelectualidad quien esperaba igualdad entre los sexos y lo ayudó a vencer sus conceptos el papel de dominación masculina, Adler llegó a apreciar un completo el papel que la cultura y la sociedad han desempeñado en la perpetuación de la dominación y privilegio masculinos. En efecto llego tan lejos como para sugerir que las diferencias psicológicas entre mujeres y hombres son por completo resultado de actitudes culturales. Adler señalo de su seguridad en sí mismos. Describió como estos perjuicios perturban el desarrollo psicológico de las mujeres y han conducido a algunas de ellas a una insatisfacción penetrante con su papel. La preeminencia excesiva de la hombría en nuestra cultura conduce a los hombres a despreciar de modo insensato y evitar a las mujeres. Adler creía que la masculinidad exagerada un impacto negativo en hombres y mujeres por igual. Recomendó el cultivo de la camaradería y la educación para la cooperación entre los sexos. Sus ideas son confirmadas en la actualidad por la investigación sobre los papeles sexuales y la influencia de la educación.

Estilo de vida

Cada individuo busca afrontar el ambiente y desarrollar superioridad en una forma única. Este principio es expresado en el concepto de Adler sobre el estilo de vida, el cual fue un tema fundamental en sus últimos escritos. Cada individuo comparte el objetivo común de la lucha por la superioridad aún cuando hay muchas formas diferentes por las que podemos lograr este objetivo. Un individuo puede tratar de desarrollar competencia y superioridad por medio de habilidades intelectuales. Otro puede buscar la auto perfección capitalizando sus ventajas físicas. El estilo de vida actúa en parte como un filtro perceptivo, influyendo en las formas en que vemos al mundo. Estos estilos de vida diferentes se desarrollan temprano en la infancia. Adler sugirió que el estilo de vida se encuentra establecido con bastante claridad para cuando un niño tiene cinco años de edad. Después permanece relativamente constante. Puede ser cambiado, pero solo a través de un trabajo arduo y autoexaminación.

El estilo de vida resulta una combinación de dos factores: la orientación hacia el objetivo interno del individuo con sus finalismos ficticios particulares y las fuerzas del ambiente que ayudan, impiden o alteran la dirección del individuo. Cada estilo de vida individual es único debido a las influencias diferentes de nuestro yo interno y sus constructos. Adler sugirió que dos individuos nunca han tenido o podrían tener el mismo estilo de vida exacto. Incluso los gemelos idénticos responden a su ambiente en formas diferentes.

No obstante Adler creyó que podrías distinguir cuatro tipos primarios de estilo tres de los cuales denomino “estilos erróneos”. Estos incluyen el tipo dirigente individuos agresivos, dominantes que tienen poco interés social· o percepc1on cultural; el tipo obtenedor: individuos dependientes que toman en lugar de dar y el tipo evaluativo: personas que tratan de escapar de los problemas de la vida y participan en pocas actividades constructivas desde el punto de vista social. El cuarto estilo primario fue llamado por Adler el tipo socialmente útil, personas que tienen una gran cantidad de interés y actividad sociales.

Orden del nacimiento

Entre los factores que conducen a estilos de vida diferentes están la posición ordinal del nacimiento y las experiencias diferentes en la infancia, Adler no postuló ninguna etapa del desarrollo como lo hizo

Freud, pero enfatizó la importancia de la atmósfera· de la familia y de la constelación familiar. Esta última se refiere a la posic1on del individuo dentro de la familia en términos de orden de nacimiento entre hermanos y la presencia o ausencia de padres y otros cuidadores, Adler planteó la hipótesis de que las personalidades de los niños mayores intermedios y menores en una familia son susceptibles de ser muy distintas simplemente por virtud de las experiencias diferentes que cada niño tuvo como ese miembro particular del grupo familiar.

Los niños mayores ·tienden a ser más inteligentes orientados hacia el logro, conformes y afiliativos. A menudo tratan de recuperar toda la atención que les pertenecía antes de ser desplazados por los hermanos menores. Por tanto con frecuencia están orientadas hacia el pasado y muestran un alto grado de interés por el poder, el cual puede expresarse como un deseo de ejercer la autoridad, conducir o proteger y ayudar a los demás. Adler describió a Freud como un típico hijo mayor.

El segundo hijo puede sentir la necesidad de acelerar y alcanzar al primero mientras los hijos mayores sueñan a menudo que caen de lugares (caen del trono}, los que le siguen sueñan con frecuencia que corren para atrapar cosas. Los hijos segundos son susceptibles de ser competitivos y ambiciosos y a menudo superan al primogénito en logros y motivación. Sin embargo no están tan interesados en el poder, Adler fue ún hijo segundo.

Los niños nacidos al último son más sociables y dependientes, habiendo sido él bebe de la familia. Al mismo tiempo también pueden luchar por la excelencia y superioridad en un esfuerzo por superar a sus hermanos mayores, Adler declaró que muchos cuentos de hadas, mitos y leyendas describen al hijo menor superando a sus rivales mayores.

Adler quien desarrolló por completo el concepto de rivalidad entre hermanos, en la que los niños dentro de una familia compiten entre sí. El hijo nacido el último, que es consentido y mimado, puede continuar un estilo de vida desvalido y dependiente hasta la edad adulta.

Los hijos únicos tienden a ser como los niños mayores en el sentido de que disfrutan ser el centro de atención. Debido a que pasan más tiempo en compañía de adultos en lugar de sus hermanos tienden a madurar más rápido y a adoptar conductas de tipo adulto más temprano en la vida. Sin embargo los hijos únicos también tienen mayor probabilidad de ser mimados en cuyo caso, escribió Adler, el hijo único tiene dificultades con toda actividad independiente y tarde o temprano se vuelven inútiles en la vida. Adler consideraba al consentimiento como la maldición más grande de la infancia.

Los hijos intermedios muestran una combinación de las características de los mayores y los menores. Si los niños están espaciados por varios años, tienen más de las características del hijo único. La constelación familiar se vuelve más complicada cuando se consideran todas las posibilidades adicionales tales como el hermano único entre hermanas, los gemelos etcétera. En años recientes se ha llevado a cabo una cantidad considerable de investigaciones en el área del orden llevado a cabo una cantidad considerable de investigaciones en el área del orden del nacimiento y la constelación familia. Uno de los hallazgos interesantes sugiere que pueden ocurrir matrimonios más largos entre cónyuges cuyo ordenes de nacimiento son complementarios. Por tanto es probable que un hermano mayor de hermanas se relacione mejor con alguien que es hija menor con un solo hermano mayor que con alguien que es hijo único, debido a que cada uno de ellos está acostumbrado a ese patrón y modo de relacionarse.

Atmósfera familiar.

La calidad de las relaciones emocionales entre miembros de la familia refleja la atmósfera familiar, la cual ayuda a determinar si el niño relacionará o no de manera activa o pasiva, constructiva o destructiva en la búsqueda hacia la superioridad Adler pensaba que los niños que eran consentidos o descuidados estaban predispuestos en forma particular a un estilo de vida imperfecto. El niño consentido esta mimado y protegido en exceso de las frustraciones es inevitable s de la vida.

Este niño está siendo privado del derecho de volverse independiente Y aprender los requisitos de la vida dentro de un orden social. Los padres que consienten a un hijo hacen difícil para el niño desarrollar sentimientos sociales y convertirse en un miembro útil de la sociedad y la cultura. El niño crece con desagrado por el orden social. El rechazo despierta la resistencia en el niño, de un lugar en el orden social. El rechazo despierta la resistencia en el niño sentimientos de inferioridad y una tendencia a aislarse de las implicaciones de la vida social Adler declaró que las prácticas de crianza infantil con frecuencia consisten de una alteración continua entre la indulgencia y el rechazo. El niño consentido a menudo demanda una atención y consideración indebidas lo cual finalmente conduce al enojo de los padres y al castigo que a menudo son interpretados por el niño como rechazo. Aunque pocos padres rechazan en realidad a sus hijos muchos niños se sienten humillados y derrotados

Aunque el rechazo paterno es vencido cuando los padres aprenden formas alternativas para manejar a sus hijos evitando el consentimiento o el descuido Adler resaltó que el individuo es responsable por completo del significado vinculado a la conducta y acción paternas. Muchos de nosotros albergamos sentimientos profundos de haber sido rechazados por nuestros padres cuando en realidad nos dieron sus mejores esfuerzos. Por tanto al final solo la persona puede asumir la responsabilidad por su estilo de vida.

El yo creativo

Adler considero al concepto del yo creativo el clímax de su teoría. Es el yo en sus aspectos creativos que interpreta y hace significativas las experiencias del individuo y que busca que estas satisfagan el estilo de vida único de la persona. En otras palabras, el yo creativo establece, mantiene y persigue los objetivos del individuo. El concepto de Adler del yo creativo enfatizo su creencia de que la naturaleza humana es en esencia activa, creativa y determinada al moldear su respuesta al ambiente.

El concepto del yo creativo también refuerza la afirmación de Adler de que los individuos hacen sus propias personalidades a partir de las materias primas de su herencia y ambiente. En su concepto del yo creativo, Adler restituyó a la conciencia al centro de la personalidad Adler creía que nos percatamos de todo lo que hacemos y que por medio de la auto examinación podemos entender por qué hacemos y que por que nos comportamos de cierta forma. Las fuerzas de las que no nos perca tamos simplemente pasan inadvertidas no son sumergidas en un mar de represión.

La opinión de Adler respecto a la conciencia estaba en contraste directo con la de Freud de modo que no es de sorprender que los dos no pudieran trabajar juntos, Adler no negaba las fuerzas del inconsciente pero las minimizaba reduciendo al inconsciente a una simple inconsciencia temporal. Se opuso al determinismo de Freud al enfatizar la gran extensión en que las personas pueden lograr el control consciente sobre su conducta. Las personas, argumentaba Adler pueden volverse en gran medida conscientes de sus impulsos y finalismo ficticios más profundos y con intensión consiente crear sus propias personalidades y estilos de vida que logran sus objetos más elevados. Al final la opinión de Adler era casi la opuesta por completo a la Freud la cual enfatizaba que nuestra conducta está determinada en gran medida por fuerzas de las que no nos damos cuenta. Freud ofrecía a sus seguidores la esperanza de ser capaces de sobrellevar a vivir sin un temor paralizante hacia los conflictos inconscientes pero nunca ofreció la liberación de estos. Al restablecer la conciencia al centro de la personalidad, coronando de nuevo al rey que Freud había luchado con tanta valentía por destronar.

Adler despertó la furia de Freud, para este último Adler estaba alentando exactamente la misma ilusión que el había buscado destruir. Para muchas personas, la perspectiva optimista de Adler proporciona un contraste bienvenido para el panorama pesimista y acosado por conflictos de la naturaleza humana mostrando en el psicoanálisis freudiano y reintegra la esperanza para la condición humana. En su optimismo. Adler prefiguró la escuela humanista de la personalidad, la cual será discutida más adelante.

Psicoterapia Adleriana

Las neurosis de acuerdo con Adler, implican objetivos vitales irreales o finalismos ficticios. Los objetivos no son realistas a menos que tomen en cuenta nuestras capacidades, limitaciones y ambiente social. Una persona que se sintió inferior en extremo o rechazada en su infancia puede establecer objetivos que están demasiados al tos e inalcanzables.

Un individuo de inteligencia promedio no puede esperar desempeñarse en un nivel sobresaliente de manera consistente en el trabajo académico. Algunas personas adoptan objetivos que son bajos en forma irreal. Habiéndose sentido derrotados e incapaces de afrontar ciertas situaciones, tales como la escuela, las personas pueden buscar evitar situaciones en las que podrían desarrollar y perfeccionar aquellas habilidades que les permitirían desempeñarse con eficacia.

Los neuróticos también eligen estilos de vida inapropiados como medio para alcanzar sus objetivos. En sus esfuerzos por compensar los sentimientos de debilidad, los neuróticos tienden a sobrecompensar. La compresión implica suplir o vencer una debilidad. Por ejemplo, las personas ciegas aprenden a depender más del sentido auditivo. La sobrecompensanción se refiere a un esfuerzo exagerado para cubrir una debilidad que implica una negación en lugar de una aceptación de la situación real. Por ejemplo, el individuo agresivo que persiste en usar la fuerza puede estar sobrecompensando una dificultad para trabajar en forma cooperativa con los demás.

Los términos de Adler “complejo de inferioridad” y “complejo de superioridad”, frases que se han hecho comunes en nuestro vocabulario,  también describen patrones neuróticos. Los individuos que se sienten muy inadecuados pueden estar sufriendo de un complejo de inferioridad.

En términos adlerianos, hay un abismo entre la persona real y los objetivos vitales altos en exceso. Los individuos que exageran su propia importancia pueden estar sufriendo de un complejo de superioridad. En términos adlerianos, estas personas han sobrecompensando por sus sentimientos de debilidad. Ambos complejos se originan en las respuestas de una persona a sentimientos de inferioridad reales o imaginados.

Adler sugiere que los neuróticos en realidad vi ven un estilo de vida erróneo o mentira vital. Los neuróticos luchan por su engrandecimiento personal. Su estilo de vida contradice a sus capacidades y virtudes reales. Actúan “como si” fueran débiles “como si” estuvieran condenados a ser perdedores, cuando de hecho podrían crear una existencia constructiva para sí mismos. Ca pi tal izan las debilidades imaginadas o reales y las usan como una excusa en lugar de como un reto para enfrentar la vida de manera constructiva. Emplean tendencias de salvaguarda, dispositivos compensatorios que previenen los sentimientos de inferioridad en forma desadaptativa en vez de adaptativa. Para estar seguros, todos usamos a veces estos mecanismos de defensa protectores, pero los neuróticos los emplean de una manera y en un grupo exagerados.

La terapia adleriana aspira a restablecer el sentido de realidad del paciente, examinado y revelando los errores en los objetivos y el estilo de vida y cultivando el interés social. Adler no estableció reglas o métodos estrictos para el tratamiento, creía que el estilo de vida del paciente debía determinar el procedimiento. En general, el enfoque de Adler era algo más informal que el de Freud. Abandonó el uso del diván, sugirió que el paciente s sentara frente al terapeuta y redujo la frecuencia de las sesiones entre paciente y doctor a una o dos veces por semana.

El primer objetivo del terapeuta adleriano es establecer contacto con el paciente y ganar su confianza. Ésta se obtiene acercándose al paciente como un semejante, en lugar de como una autoridad, y por consiguiente se obtiene cooperación. Mientras Freud percibía la transferencia, en la cual un paciente penetra poco a poco en las relaciones insatisfactorias anteriores proyectándolas en el doctor, como esencial para la efectividad de su tratamiento. Adler sugirió que su terapia es efectiva debido a que las características saludables de la relación médico paciente son transferidas, o llevadas, a la vida del paciente. Dicha transferencia no necesita tener características regresivas y en realidad es otro nombre para el cultivo del interés social.

Referencia Bibliográfica

Luza, R., (2005), Psicología de la Personalidad, Arequipa, Perú

Agregue un comentario

Required fields are marked *.