TERAPIA SISTÉMICA

4.1.       INTRODUCCIÓN.

La epistemología sistémica en su aplicación a la terapia familiar adquirió desarrollo desde las décadas de 1950 y 1960, y desde entonces no ha dejado de desarrollarse. Debido a que en sus comienzos se desarrolló especialmente estudiando la dinámica de la organización familiar, actualmente se habla de terapia familiar sistémica, como una manera genérica de mencionar a las lecturas sistémicas que se ocupa de las organizaciones humanas en general.

Las lecturas sistémicas de basan en diferentes teorías y lecturas epistemológicas. A grandes rasgos la terapéutica apoyada en concepciones sistémicas (Terapia familiar sistémica TFS, Terapia de pareja, o en grupos) se nutre principalmente de tres grandes fuentes.

Por un lado en la Teoría General de Sistemas, según la cual un sistema es un conjunto de elementos en interacción dinámica en el que el estado de cada elemento está determinado por el estado de cada uno de los demás que lo configuran, de esta manera un sistema puede ser cerrado (cuando no intercambia información con su entorno) o abierto (cuando intercambia información con su entorno, por lo que es modificado y a la vez modifica a ese mismo contexto).
Según la teoría general de los sistemas cualquier cambio en un miembro del sistema afectará a los demás, de esta manera se piensa en la “totalidad”, y no en “sumatividad”, porque las pautas de funcionamiento del sistema no son reducibles a la suma de sus elementos constituyentes. En este sentido a un mismo efecto pueden responder distintas causas, y esto se da porque hay una permanente circularidad e interconexión entre los miembros de un sistema.

La otra gran fuente teórica que sirve como base de sustentación es la cibernética. El concepto de “Feedback”, determina que cualquier conducta de un miembro de un sistema se transforma en información para los demás. En este sentido se habla entonces de feedback positivo o negativo, según que las acciones favorezcan o tiendan a corregir acciones. La cibernética toma el concepto de “Homeostasis”, según el cual a partir del feedback se tiende al mantenimiento de la organización del sistema.

La teoría de la comunicación, sirve como la tercera gran fuente de desarrollo teórico. Se toma partida en un axioma básico. “Es imposible no comunicar”, en este sentido todo comportamiento de un miembro de un sistema tiene un valor de mensaje para los demás (incluso el silencio o la mirada, o la indiferencia dirían: “prefiero ignorarte”, pero siempre comunican algo).

Por otra parte la comunicación implica considerar no solo el nivel semántico de una comunicación (nivel digital), sino también el emisor, el receptor, el entendimiento de un mensaje, la interacción, la puntuación de las secuencias comunicacionales entre los participantes, etc. (nivel analógico). Vale destacar que los sistemas abiertos se caracterizan por patrones de circularidad, sin que el comienzo o finalización estén precisados claramente.  Por lo que la teoría general de los sistemas se interesa por la manera en que los participantes en la comunicación, marquen, pauten o dividan las secuencias de comunicación, y como estas se acomodan como causas y efectos de las interacciones. La terapia basada en aspectos sistémicos, se interesa así en las posibles modificaciones de los sistemas de relaciones, donde se dan relaciones simétricas (basadas en cierta igualdad) o complementarias (basadas en determinadas diferencias). No considerando disfuncional a ninguno de los dos tipos, salvo cuando se da una sola de estas formas (cronificación de la interacción) y no un permanente y necesario cambio.

La terapia sistémica utiliza también conceptos evolutivos, por ejemplo al considerar diferentes etapas de desarrollo, por ejemplo de un sistema familiar (noviazgo, matrimonio, procreación; o niñez, adolescencia, maduración). De esta manera cobra importancia no sólo lo que ocurre en cada una de esas fases, sino también las crisis que acompañan el paso de cada fase evolutiva hacia otra. La manera en que se modifican las pautas de relación en un sistema dado, la finalización de la utilidad de un sistema de relaciones específico y el paso a otros sistemas nuevos, la construcción de los mismos, la modificación de la estructura familiar, de pareja, de relacionarse, las nuevas pautas de organización, etc. Toda organización busca su estabilidad mediante diversos procesos. Y desde esta estabilidad sobreviene el caos, el desorden, que no es más que el principio de un nuevo ordenamiento diferente, que seguramente será un nuevo estado con mayor experiencia y de mayor complejidad. Por lo tanto esto implica una idea de salud que incluye el desorden. En este sentido la terapéutica se ocupa de los sistemas estructurales de las relaciones, de los subsistemas basados en uno mayor, de la integración de los miembros en él, del respeto hacia cada uno de los miembros (protegiendo la diferenciación de cada uno), de las nueva y viejas reglas de conducta de cada sistema o subsistema (límites familiares, alianzas internas). Desde esta perspectiva la terapéutica tiene un amplio campo de acción. Trabaja sobre las jerarquías, la permeabilidad de los miembros y las formas de organización de los sistemas.

Se observan dos tipos de sistemas, los aglutinados (límites difusos de familias o grupos) o los sistemas llamados desligados (límites rígidos). Los sistemas aglutinados desdibujan los roles de cada uno de sus miembros, exagerado el sentido de pertenencia y desdibujando la autonomía personal, inhibiéndose la autonomía (por ejemplo de los niños). En estos sistemas pierden diferenciación los subsistemas, todos los miembros sufren cuando uno lo hace, y cualquier modificación de la estructura del sistema modifica al resto. En cambio los sistemas desligados se organizan de manera en que en los casos más extremos, cada miembro constituye un pequeño subsistema, porque si bien se relacionan, lo hacen escasamente, por lo que se manifiesta un amplio sentido de independencia y tolerancia a las variaciones entre sus miembros. En estos casos la influencia de cada uno de los miembros no influirá en demasía en los demás. La clave de la intervención sistémica es introducir un cambio significativo en la interacción de los miembros de un sistema que haga innecesaria la manifestación sintomática de uno varios miembros.

En la práctica se suscitan diferentes enfoques que el terapeuta no debe dejar de tener en cuenta, por ejemplo los dichos de un médico, de un docente o un familiar, o un compañero de trabajo de un paciente dado no tienen porque coincidir, porque no importa cual es la idea de mayor veracidad, sino que se pueda producir otro tipo de relaciones. Para ello el psicoterapeuta recurrirá a diferentes alianzas terapéuticas, y podrá intervenir utilizando técnicas paradojales en las relaciones estereotipadas. La intervención sistémica se ocupa de las terapias llamas de parejas o intervenciones grupales. Considera que los vínculos conyugales también presentan las características de un sistema. Aquí se puede aplicar el útil concepto de “tríada rígida” entendida como los sistemas relacionales paterno-filiales en las que uno o varios de los hijos son usados (sin una necesaria intención deliberada) para evitar conflictos familiares. La Intervención Sistémica se diferencian de la mayoría de las demás expresiones terapéuticas, en que estas se interesan en el psiquismo humano.

La intervención sistémica en cambio plantea el paso del individuo al sistema, de lo intrapsíquico a lo interpersonal. Así no interesa un individuo “enfermo” sino las maneras de organización del sistema en el que un individuo demanda atención. Se diferencia también de otras maneras de intervención grupal o familiar en que no considera a los miembros de un grupo familiar como apoyatura del individuo enfermo. La intervención sistémica utiliza así la interacción como elemento de trabajo y comunicación. Es así que no se atiende en el “¿por qué?” Un individuo acciona de determinada manera sino en el “¿como?” lo hace. De igual manera no importa quién hace qué, sino ¿cuándo? se realiza una determinada conducta.

4.2.       SU HISTORICIDAD.

En 1956 Gregory Bateson en colaboración con John Weakland, Jay Haley y Don Jackson publicó un trabajo llamado “Hacia una teoría de la esquizofrenia”; en este texto el equipo de Bateson presentaba una aproximación teórica al problema de la esquizofrenia en la que desplazaba el foco de atención de las explicaciones en términos de etiología (centradas en la psique o mente del enfermo) al ámbito de la comunicación interpersonal.

Bateson adopta esta postura para entender la manera en que el llamado “esquizofrénico” creaba y mantenía su muy particular relación con él mismo y con los demás. Este modo de conceptualizar lo que hasta entonces se consideraba “la patología mental” supuso una vía de gran importancia para el trabajo clínico y en especial para el campo de la terapia familiar. Al intentar dar explicación del trastorno esquizofrénico Bateson da un giro epistemológico y pasa del modelo filosófico de la conciencia al modelo de la información o cibernética para generar de este modo una serie de implicaciones que marcaban una línea de diferencias respecto del modelo tradicional con una mente psique dentro del trabajo clínico.

4.3.       LA CRITICA DE LA CONTEMPORANEIDAD.

Ahora bien, si partimos de establecer la ruptura desde una visión más amplia, hemos de decir que estamos siendo participes de este giro que se da en campo del saber formal a partir de los años 30’s (llámese a este saber el discurso de verdad científico). Habrá que señalar en este corte algunas líneas de cambio o transformación que ocurren desde diversas disciplinas o dominios de saber.

Desde la filosofía europea de este siglo tenemos el trabajo de la primera generación de la escuela de Frankfurt. Guiada por Horkheimer y Adorno la llamada Teoría Crítica artículo un discurso que inquiría por la noción de racionalidad contemporánea que occidente sinonimia con la “verdad”, limitando la noción sólo a la racionalidad instrumental. La escuela de Frankfurt duda de la posibilidad de un discurso de razón único e incluso se orilla a pensar que este discurso es más un mito, un relato que hemos de creer.

Otra línea la encontramos desde la crítica que se da dentro del campo de la filosofía de la ciencia anglosajona. Recordemos la noción de paradigma de Kuhn y su libro sobre La Estructura de las Revoluciones Científicas que en sí critica la postura que sostenía que el saber científico poseía un fundamento o base sólida; desde Kuhn los avances que supuestamente se daban en la ciencia no se producían por una acumulación de conocimiento sino a partir de lo que podríamos llamar un cambio en el punto de vista, una intuición que modificaba los márgenes del saber y los hacia extenderse en otra dirección; pensar en que el saber, la verdad sobre el mundo se incrementaba no era sino un cambio en la perspectiva de lo que hasta en ese momento era visto. Muy cerca también está la crítica de Paul K. Feyerabend y su Contra el Método que descalificaba por completo la creencia de que el conocimiento se habría de obtener a partir de un juego determinado de procedimientos de investigación e incluso diría: Galileo hizo trampa. No hay un método científico, no hay eso que pudiera asegurarnos un saber “real” u “objetivo” bien fundamentado que se habría de revelar ante nosotros tras el seguimiento de esos pasos. El saber científico se transformaría en el producto de la labor de un grupo de personas llamadas científicos y que como único fundamento para que se le llame científico nos referiríamos a que es el producto de esas personas que son científicos y por tanto dicho producto es saber científico.

El apoyo que necesita esta forma de aceptar el saber científico, llamémosle “fundamentalismo empirista”, se ve seriamente cuestionado y eso que aceptábamos como “verdad” (noción implicada en el saber científico) exige ahora que le consideremos más en términos de un resultado de intercambios sociales y no como alguna sustancia trascendental que habría que destilar de quien sabe cuantas impurezas que le soterran u ocultan de la vista de los demás.

El desplazamiento hacia esta visión que acepta al saber como el producto de alguna imbricación y/o conjunción de perspectivas en dominios discursivos específicos (ya sea el discurso de la física relativista o de la física de la complejidad o la añeja teoría termodinámica) existentes en también momentos o épocas acaecidas, ha sido de algún modo punto de contacto con otras reflexiones críticas sobre las formas de verdad con las que convivimos.

Michel Foucault en su proyecto sobre historia de las formas de racionalidad asume la noción Nietzschesiana del conocimiento como una invención humana; la verdad entendida como un dominio de reglas y normas que en momentos específicos de la historia le permite a la gente decidir sobre lo que es y lo que no es, de lo visible y de lo que no es visible, enmarca lo pensable y lo que no es pensable.

La verdad no es una noción trascendental que se pueda fundamentar a través de un esquema empírico específico; de hecho esta prueba de verdad es en realidad reciente como evidencia o enunciación incontrovertible y el acto de contrición que hacemos ante ella sólo tiene sentido dentro del marco del mundo que piensa, ve y circula discursos de un saber científico. Eso que aceptamos como “verdad” dentro de las ciencias habría de ser visto como aquello que resulta de una serie de procesos colectivos en el espacio de circulación de los discursos científicos.

4.4.       DEL SABER INDIVIDUAL AL SABER CONSTRUIDO SOCIALMENTE.

Existe una antigua tradición que piensa al evento “conocimiento” como algo relacionado a la acción entre un sujeto de saber o sujeto cognoscente y un objeto de saber o de conocimiento; sean estas relaciones unidirecionales o bidireccionales en todo caso se supone un sujeto y un objeto que preexisten al evento “conocimiento”. El conocimiento con frecuencia es visto así como la relación entre un sujeto de conocimiento y el mundo, de hecho de una mente y el mundo.

La visión que entiende al conocimiento como el resultado de una serie de procesos sociales, implica que esta construcción de saber no va a estar dependiendo o siquiera podría ser explicada desde la noción de sujeto cognoscente que preexiste al conocimiento, no se puede pensar el problema del conocimiento a partir de enmarcar un campo de problematización constituido por deseos, impulsos, necesidades, esquemas, memoria, “reflejo” y demás eventos que se supone ocurren “dentro de la cabeza del individuo” y por el contrario se necesita de asumir un campo en el que lo que está en relación ya no es la mente (como noción tradicional del sujeto de conocimiento) y el mundo.

Por el contrario, se ha de partir del como se relacionan las “las palabras”, “discursos” y el mundo; Con esta reflexión se transforman los puntos de incidencia y se pasa a plantear las interrogantes en términos de cómo nuestro lenguaje, las palabras, se ven inmersas en nuestras vidas cotidianas.

Las nociones Wittgenstenianas Juego de lenguaje y Formas de vida pueden ser herramientas para entender este interrelacionarse del mundo y el lenguaje y del cómo se forman ahí los sujetos posibles de conocimiento (pues estos no preexisten al conocimiento).

Se asume desde esta posición a las interrelaciones sociales como vehicúladas por estos juegos de lenguaje o palabras que en dichos campos de práctica factual obtienen una serie de significados en consonancia con ,los aconteceres, actos o fronteras que se dan por ese ámbito espacial y de lo que es visible en él. Este ámbito espacial connotante por sus aconteceres, actos y fronteras de lo que es visible conformaría de igual modo lo pensable y de lo que se podría hablar al referirse a lo “social”, al sujeto cognoscente formado por ese ámbito y al evento “conocimiento” que es uno de los productos de esas interrelaciones. Recordemos en esta posición que el lenguaje mismo es un producto de ese intercambio “social”, “pensar una forma de vida es crear un lenguaje”. El evento pensar, hablar, ver, en un ámbito espacial enuncia lo social (sea este ámbito la calle, la plaza, el parlamento o el cuerpo mismo) connotando un lenguaje específico, un modo de plantear reglas, normas o códigos para (en) esos eventos (pensar, hablar, ver)y hacerlos que signifiquen cosas o para significarse a ellos mismos.

4.5.       UNA EPISTEMOLOGÍA SOCIAL, UN DOMINIO DE SABER, UNA realidad (EN MINÚSCULAS).

Creo aquí que necesito hacerme un espacio para rectificar implicaciones, denotar vacíos abismales y llamar por algún nombre a algunas cosas. El considerar las intenciones del presente texto como: El tratar de exponer una herramienta que sirva para clarificar cosas y ubicar de algún modo varias discusiones paralelas y con puntos de contacto apenas capilares. Las más de las veces, esto resulta ya casi más una buena intención que un resultado acaecido. Quisiera volver a intentarlo y tratar de explicitar algunos puntos que están circulando en el texto.

Es evidente que cuando hemos hablado de un desplazamiento de los campos de problematización para las aproximaciones que buscan entender al “conocer” o “el conocimiento” hemos abandonado una visión epistemológica que supone una sustancia conocimiento que hay que encontrar, limpiar, librar, purificar, objetivar, que se encuentra afuera de un sujeto de conocimiento que ha de intentar aproximarse a ella. Este sujeto se encuentra en la búsqueda y con tenacidad y audacia busca descubrir el MÉTODO que le permita semejante labor; exponer al mundo como es, presentar la realidad que existe y alcanzar así la VERDAD de las cosas. Empresa mítica sin duda y que necesita de un héroe de igual condición para llevarla a cabo, sin embargo Jason y sus argonautas a estas alturas de la historia deben estar bastante lejos de preocuparse por esta travesía.

La posibilidad que se presupone está más a la altura de los cuerpos que son constituidos como sujetos a través de estas prácticas en ámbitos espaciales específicos, en donde el lenguaje que en algún momento se pensó debía servir como la herramienta que operaría como el espejo del mundo, vehículo de esta farragosa noción verdad, pasa ahora a ser el resultado de esas convenciones dadas por el evento mismo, el lenguaje, a través de una historia; ya es más una herramienta para constituir, crear o articular dominios de saber regidos por las normas, reglas y códigos establecidos consensualmente por los lenguajes en sí mismo.

Estas prácticas se posibilitarían en una red simbólica que se construiría de manera colectiva para crear un contexto en el que se puedan enunciar discursos de lo que es el mundo. Estos discursos y sus consecuentes significados no son algo que exista dentro de lo que llamamos o pensamos como mente individual y sí serían parte de una circulación constante, general, de intercambios intersubjetivos que continuamente estarían reestructurando a esa red simbólica o bien dominios de saber.

Aquí esta posibilidad de pensar la construcción de la realidad de manera social nos permitiría conceptualizar cómo se dan históricamente los supuestos de realidad de los colectivos y como se asume lo cierto o lo falso dentro de cada dominio específico de saber. Nos acerca a las llamadas narrativas o relatos que explican todo aquello que asumimos que es, que se puede pensar, lo que se dice y es cierto y aquello que no se puede decir, pues no es posible.

4.6.       PRACTICA TERAPÉUTICA: De la metáfora de la circularidad cibernética a los relatos y las narrativas.

Cuando G. Bateson y lo que sería el equipo del Instituto de Investigaciones Mentales plantearon su separación de lo que el modelo médico vigente demarcaba como patología mental retomaron una metáfora que habría de guiar la práctica terapéutica en los siguientes 25 años, la metáfora cibernética. Recordemos a la cibernética como la ciencia de la comunicación y el control, caracterizado este último como un proceso de autorregulación mediante ciclos de retroalimentación.

El recoger esta metáfora en el campo de la práctica clínica hizo que se reconceptualizará un tema central de un modo diametralmente diferente al anterior: el síntoma como algo que formaba parte de un ciclo homéostatico que permitía que se estabilizara la familia. Esta adopción siguió recurriendo a figuras o metáforas espaciales que nos permitieron explicar al SISTEMA como una entidad que permanecía igual mientras cambiaba. Así tenemos figuras como homeostasis, circularidad, calibración; la familia se constituía como un análogo orgánico en busca de homeostasis bajo el costo que fuese necesario.

El terapeuta entonces se veía como la persona designada como aquella con las habilidades para trastornar ese ciclo y arreglar aquello que era disfuncional.

Esta conceptualización de la práctica terapéutica se podría calificar, según H. Von Foerster como de cibernética de 1er. orden donde el observador permanece afuera de lo observado o bien Maturana lo propone como lógica de sistemas alopoieticos o de control, un modelo análogo al modelo de la ingeniería de sistemas de entrada-salida. En esta visión no obstante se lleva a matizar la aproximación terapéutica con un vocabulario donde se permea toda la relación terapeuta-familia con las metáforas de guerra: estrategia, táctica de poder, maniobra e incluso se tiende una barrera entre el terapeuta y la familia a modo de bandos contrarios en conflicto (recordemos el análogo de “juego” para designar las formas de interacción familiar, el meta- se torna posición estratégica) donde uno debe contrarrestar y atacar para manejar las maniobras de la familia. La práctica terapéutica se llega a pensar con esta construcción y se ve guiada en el trabajo con las familias por este mito del poder.

Esta posición implica una postura estratégica que hace pensar no sólo que se tiene la posibilidad de manipulación de la familia sino incluso supone una visión desde afuera de la familia, un permanecer observando “la realidad” de esa familia. Pronto en este impulso uno comienza a pensar en cuales serían los cambios a realizar con la familia, uno sabría qué cambios y qué orientación habrían de tener estos cambios de antemano, por supuesto esto lleva implícito que si se sabe qué se ha de cambiar es porque se tiene un criterio que permita identificar lo que no se va a cambiar.

El terapeuta puede estar pensando en una estructura específica (del cómo deben ser las familias o algunas de ellas) y comienza a evaluar si esta estructura puede ser disfuncional, si lo es, entonces debe ser patológica y por tanto tendría en que trabajar y curarla.

Aquí tendríamos un regreso a aquello que el enfoque sistémico pretendió en un principio dejar atrás y además enmarca deplorablemente la postura de uno que cura y otro que es curado.

El mantener esta postura en la práctica terapéutica ha traído como consecuencia una aproximación a la familia enfrascada en un pragmatismo más bien estrecho donde se busca la receta, el ritual, la prescripción que más inmediatamente nos resuelva el qué hacer con la familia y nos dé el control . Se recurre a la creación de una lista de técnicas, recetas de intervención donde ajustar la demanda de cada caso presente.

El terapeuta se autopresenta como Amo del Universo (conoce la realidad e incluso la construye) y presta sus servicios a los mortales en desgracia (las familias disfuncionales) a quienes instruye gracias a su sapiencia estratégica (prescripciones, ritos, paradojas) para que terminen ya con su “juego”.

Al considerar la visión de una construcción social de la realidad la postura del terapeuta-Amo del Universo se encuentra sin apoyo en el cual sustentarse como él de la visión desde afuera, que conoce la realidad como es. El no puede estar afuera y ver a la “realidad”.

El está inmerso dentro de esa misma realidad: él no está bajo el control de nada pues él mismo es parte de toda esa red simbólica que se crea con la familia donde los cambios de él y los de la familia suelen ser en conjunto. La utilización de la metáfora de la circularidad cibernética ha propiciado una práctica pragmática que muchas veces lleva de regreso a todas aquellas posturas del psiquiatra que clasifica (diagnóstico de por medio) y designa la normalidad o anormalidad del sujeto en cuestión; reaprendemos a caminar como dioses entre los mortales y pretendemos que podemos saber lo que se tiene que hacer aún antes de que las cosas ocurran.

La crítica a este modo de práctica terapéutica se ha propuesto también desde el mismo campo de la cibernética. Biólogos como Maturana, Varela o incluso H. Von Foerster en una recursión a Bateson, ha tratado de dar salida a estas observaciones mediante lo que han llamado cibernética de segundo orden o de los sistemas observantes. Se caracteriza a estos sistemas como autónomos y con la condición de que no pueden ser programados desde afuera y en los que no existe un determinismo histórico, esto es, no siguen ningún sendero predecible. El sistema autónomo o autopoietico (como lo llama Maturana) se podría ver así como un conglomerado aislado, sujeto a un cierre informacional donde los intercambios con el exterior no son en realidad entradas de información sino una especie de desencadenante que funciona para que el sistema se reorganice siempre en busca de ese estado que lo hace ser lo que es. La organización del sistema es en sí misma la variable que se ha de buscar permanezca constante, la identidad de dicha unidad que a su vez es su organización permanece igual: Varela propone en la búsqueda para hacer que dichos sistemas aparentemente aislados expliquen la lógica de organización circular que Bateson sostiene (la explicación de la mente [espíritu, mind] en las secuencias de DNA-Célula, célula-organismo, organismo-medio ambiente), el constructo: Dominio de conversación.

El problema de los sistemas autopoieticos se encontraba en cómo explicar su interacción con los demás y la resultante constitución de ideas sobre el mundo que se aceptaría como realidad a partir de consentir en un marco de referencia consistente. La pregunta se planteaba en el cómo explicar que se compartan ciertas ideas a las que se llega de manera consensual. Von Foerster apuntaba que dicho consenso se daba a partir de lo que era dado a través de una mediación del lenguaje y la cultura. Pero cómo explicar esta relación de los sistemas autopoieticos con su cierre informacional y eso que Bateson entendía como mind o proceso mental que se “genera donde quiera que una adecuada estructura de circuitos de recursiones causales apareciese”. Varela propone hablar de sistemas autónomos donde los elementos que lo conformen puedan ser ellos mismos autopoieticos o no y la forma de interacción entre ellos tendría esta organización circular, entendida esta como ese momento donde cada unidad se vea comprometida en acciones que se asemejen a la conversación, implicando que por encima de nuestras mentes individuales (recordemos aquí que Bateson habla de Mind/mente, como la forma de organización circular o proceso mental que se da en todas las secuencias de interacción de lo vivo) existe una actividad que tiene una organización similar y en unidades de un orden más alto en este nivel son instancias de sistemas autónomos.

Esta explicación se acerca a la propuesta por Von Foerster que a mí parecer articula mucho mejor la posición del construccionismo social donde nuestras ideas sobre el mundo, nuestros acuerdos de lo que es lo real, están mediados por las redes simbólicas que hemos compuesto a la vez por el lenguaje y la cultura misma sería parte de esa red.

Pero en el campo de la práctica terapéutica ¿que implicación hay al dejar la metáfora de la circularidad cibernética? Por un lado pasamos a entender a la familia no como un sistema y sí como una red simbólica donde eso que se llamaba síntoma puede ser un problema constituido como una historia que la gente ha acordado contarse a sí misma. Los conceptos antes usados de homeostasis, circularidad, calibración, son abandonados para hablar de narrativas, relatos, circulación, que asume a las familias como entidades en un proceso de cambio constante donde no buscamos explicar como es que cambian para permanecer iguales, sino que recurrimos a metáforas temporales para explicar su cambio en términos de una corriente a través del tiempo y no más como circularidades eternas.

4.7.       ¿Porqué el Término de Terapia Sistémica?

Toda familia es un sistema, ya que es un conjunto de personas que interactuan entre si y la variación de uno de ellos, produce una variación en el resto

Son muchas y variadas las influencias que tiene esta línea de la psicología, que fundamentalmente, se apoya en una filosofía humanística donde no sólo existe el tú y yo sino que le da gran trascendencia al contexto familiar y social como parte del problema

También el terapeuta y todos los profesionales involucrados en él, son parte del mismo y su posible solución.

Actúa sobre la familia como conjunto, en vez de hacerlo solamente sobre el individuo, y cita a los familiares a las sesiones, ya que considera que el abordaje de la misma es tanto o mas importante, que el individual.

Sus bases científicas surgen de las siguientes influencias:

·        Claude Shanon: Técnico de la Información

·        Norbert Wiener: Cibernética

·        Ludwing von Bertalanffy: Teoria General de los Sistemas

·        Gregory Bateson: Antropólogo-Familia como Sistema Homeostatico

·        Paul Dell: Modelo Evolutivo

·        Illya Prigoyen: Fisico

·        Humberto Maturana: Biólogo

Para todos ellos las familias, son entidades en evolución, no en equilibrio, capaces de transformaciones súbitas.

Al trabajar en terapia se hacen intervenciones que se dirijan al cambio del sistema en el que la persona está inserta.

Las personas funcionan en un medio ambiente con el cual interactúan también, y dentro de este medio los sistemas estan organizados jerárquicamente.

Si se considera a la persona individual como un sistema, el mismo esta a su vez incluido en sistemas mas complejos que están por encime de él, y lo influyen.

Se organizan en jerarquías y en el siguiente orden:

·        Persona u organismo

·        Familia Nuclear

·        Familia Extensa

·        Subgrupo Comunitario (trabajo, amigos)

·        Ciudad

·        País

·        Inserción del País en el Mundo

O bien:

·        Persona

·        Grupo Primario

·        Grupos Secundarios

·        Mesogrupo o Mesosistema

·        Ecosistema

Dentro de esta línea se considera mas importante trabajar sobre el como no sobre el porque, es decir no importan tanto las causas del pasado, sino la dinámica que hace que la familia funcione mal hoy.

Para ello es importante evaluar los roles y funciones que desempeñan los integrantes dentro de la familia, para qué le sirve en conjunto el tipo de interacciones entre sus miembros, y si los generan, que tipos de síntomas producen y asi actuando sobre el sistema se producen cambios que les proporcionan a todos los miembros una cada vez mejor calidad de vida.

4.8.       LA PRIVACIDAD, LA COTIDIANIDAD, LO PSICOLÓGICO.

Este desplazamiento que en la disciplina, en particular en el campo de la práctica terapéutica, es un desprendimiento de las visiones convencionales de la realidad misma; de lo normal-anormal; de la lógica de poder del terapeuta. Es un cambio que no está aislado de una transformación de manera general en el campo de las ciencias humanas. Al inicio del presente texto se habló de algunos de los puntos que señalan esta fractura con lo que se ha llamado Modernidad o Proyecto Moderno para adoptar una visión donde se privilegian una serie de actividades que replantean temas por mucho tiempo presentes en la reflexión de occidente. La verdad, la historia, la idea de sujeto trascendental, las nociones de esencia y apariencia, de profundidad y superficie. La crítica contemporánea ha adoptado diversas posturas donde se cuestiona la Historia y la Verdad -Lyotard, Veyne, de Certeau; las formas de racionalidad en occidente, la verdad de sí mismo, la constitución del sujeto contemporáneo y la sociedad disciplinaria- Foucault, Finkielkraut, Lipovetsky, Vattimo, Baudrillard. El corte de la discusión suele ser epistemológico ¿Cómo es qué eso que aceptamos como es se ha constituido como tal?, ¿la verdad misma tiene una historia y deja de ser sustancia trascendental?, ¿y el ser y el sujeto? qué son sino un cuerpo, punto de emplazamiento de discursos sobre lo que es el individuo, ser, sujeto. Esta posibilidad igual se ha dado en el pensar de lo psicológico en nuestra contemporaneidad a la par que se ha dado en el pensamiento sobre las ciencias humanas en general.

Bateson y Laing; Maturana, Varela y von Foerster; Keeney, Watzlawick y Gergen. En la psicología en sus diversas prácticas (clínica, social, cognoscitivista) se encuentran estas propuestas. Las intuiciones de lo que nuestra área de trabajo ha de constituir se dan a la par de las herramientas conceptuales a las que se recurren: juegos del lenguaje y formas de vida (Wittgestein), prácticas cotidianas (habitar, cocinar) y el cómo se constituyen como tal en la historia (de Certeau), la noción de privacidad y las relaciones de ese sujeto “privado” consigo mismo y su entorno en escenarios históricos específicos (Veyne, Duby, Le Goff, Aries), los Mundos de Vida (Schultz), la metáfora del texto según la antropología (Clifford, Geertz, Tyler, Tausig); las propuestas que se desarrollan de una epistemología social (Kenneth Gergen). La construcción de la práctica conceptual inventa el campo de trabajo que hemos de abordar. Lo psicológico no podrá ser ya más sólo aquello que acontece dentro de los cráneos de nuestros cuerpos.

BIBLIOGRAFÍA

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