TEORÍA DEL SISTEMA DE INMUNIDAD DEL ORGANISMO

1. Las Células Del Sistema Inmune: Los Linfocitos

Wolf H. Fridman, en su obra “El Cerebro Móvil”, de la Inmunidad al sistema inmune, nos trae la siguiente información sobre el tema.

La gripe es una enfermedad viral frecuente, desagradable, pero que en su forma habitual se cura sin tratamiento en la mayoría de los casos. Cada uno de nosotros ha sufrido las migrañas, el malestar general, la fiebre y los escalofríos que identifican a esa enfermedad. Una muestra de sangre de los enfermos revela la presencia de un número más elevado que el normal de una categoría de glóbulos blancos, llamados linfocitos, y permiten detectar en el suero los anticuerpos antivirus de la gripe. El incremento del número de linfocitos y la producción de estos anticuerpos son los signos biológicos de una reacción inmune dirigidos contra el virus de la gripe. Esta reacción es eficaz, la curación  es la regla y específica, protege de una segunda infección del mismo virus, pero no contra el ataque de otro. Esta reacción implica diferentes elementos: anticuerpos capaces de neutralizar fijándose en los linfocitos asesinos que destruyen las células infectadas por el virus.

Las primeras observaciones en los microscopios óptico y electrónico había demostrado que los anticuerpos -proteínas que circulan en el suero eran sintetizados, en el transcurso de una reacción inmune, por células muy reconocibles, denominadas células plasmáticas. Estas células son auténticas fábricas de producción de anticuerpo; los cuales se acumulan en el interior de estructuras sub celulares muy desarrolladas, que forman el retículo endoplasmático. Los linfocitos asesinos de las células infectadas por virus son células muy diferentes: poseen dos tamaños y son de forma alargada, no tiene retículo endoplasmático desarrollado, sino un citoplasma granuloso, teñido de azul claro por los colorantes que se suelen utilizar. Junto a éstas, se encucntran células muy pequeñas, de forma redonda con un núcleo denso y prácticamente carecen de citoplasma.

Desde el punto de vista morfológico, sorprenden más las diferentes que las similitudes de estos distintos tipos celulares, y los propios morfólogos creyeron durante mucho tiempo que no había ninguna relación entre ellos. Hoy sabemos que tanto las células plasmáticas productoras de anticuerpos como las grandes células asesinas se han desarrollado a partir de pequeñas células con núcleo denso y sin citoplasma, los linfocitos. Estos son los elementos básicos del sistema inmune. Se produce sin interrupción en la médula ósea, circulan por todo el organismo a través de la sangre: y la linfa y se concentra en órganos especializados: el bazo, los ganglios linfáticos, las amígdalas, las placas de Peyer del intestino. Su presencia en las diferentes regiones del organismo permiten una respuesta rápida a partir de la entrada de un agente infeccioso en un lugar determinado.

Los linfocitos se sub-dividen en tres grandes poblaciones: los linfocitos B, productores de anticuerpos, los linfocitos T, que ayudan a los primeros o actúan directamente destruyendo las células infectadas por un virus y las células extrañas y los linfocitos nulos, que matan  a las células tumorales o infectadas por virus. Los linfocitos B y los nulos migran directamente de la médula ósea, donde se producen, a la sangre, el bazo, las amígdalas y los ganglios. Los linfocitos T, maduran en el timo, órgano presente desde el nacimiento y que en lo sucesivo ya no se desarrolla más. Allí aprenden a reconocer lo propio y toda modificación de él, esta discriminación entre lo propio y lo ajeno asegura la integridad del organismo. Cuando un antígeno, bacteria o virus, penetra en el organismo, es capturado y dirigido por determinadas células y después es presentado a los linfocitos T que si lo reconocen diferente del yo, desencadenan una reacción inmune produciendo anticuerpos a partir de las células plasmáticas. Estas reacciones no ocurren en un órgano especializado sino en cualquier lugar del cuerpo donde penetra el antígeno.

La autonomía y la descentralización de las tomas; de decisión del sistema imnune son la base de su eficacia.

La médula ósea es la gran fábrica de células de la sangre; produce mil millones de linfocitos por día en el ser humano. En ella se procrean cuatro descendencias, la erítrocítica produce los glóbulos rojos y la megacariocítica las plaquetas. Otras dos proporcionan  los glóbulos blancos; la míelomonocítica produce los polimorfonucleares y los monocitos, y la linfoide los linfocitos. Una célula tronco pluripotencial inicial es el origen de los precursores de cada una de estas descendencias.

Los linfocitos pasan por varias etapas: una etapa de proliferación en la médula ósea., donde un linfoblasto inmaduro se transforma en linfocito pre-B o pre-T; una etapa de maduración, en el caso de los linfocitos T, en el timo, donde aprenden a distinguir lo propio de lo ajeno, una etapa de diferenciación final, inducida por el antígeno que transforma los linfocitos en células efectoras, de las células B en células plasmáticas productoras de anticuerpos, y a las células T en células colaboradoras o en células asesinas; estas últimas se reconocen hoy en día como citotoxicas.

2. La diversificación celular del sistema inmune: linfocitos B, T y nulos

Una de las características más asombrosas del sistema inmune es la renovación constante de las células; es el único sistema del organismo en el que se produce células nuevas toda la vida. Cada día surgen nuevos linfocitos y como la tasa global varia poco, hay que admitir que mueren otros tantos. Esta renovación permanente confiere una gran flexibilidad al sistema inmune y le permite adaptarse a situaciones nuevas e imprevistas.

A lo largo de su existencia, los linfocitos migran de la médula ósea y del timo a los órganos inmunológicos periféricos donde residen. En una etapa muy precoz de su desarrollo, la célula linfoide de la médula ósea se le enfrenta a una elección crucial: o migra al timo órgano especializado muy desarrollado en el feto y en los niños y que después se atrofia- en cuyo caso se convierte en un linfocito T, o no pasa por el timo y entonces se convierte en un linfocito B o en un linfocito “nulo”. Esta opción fundamental responde a reglas que aún no se conocen del todo. Ciertas moléculas presentes en la superficie de los linfocitos y que le permiten interactuar con su entorno desempeñan un papel importante en esta determinación.

Los linfocitos B abandonan la médula ósea y navegan  a través de la sangre y la linfa hacia el bazo, los ganglios linfáticos, las amígdalas, las placas de Peyer del intestino, etc. Los que encuentran un antígeno al que puede reconocer, se multiplican y producen anticuerpos; los demás mueren al cabo de unas semanas, mientras que la médula ósea continúa produciendo células B que se les parecen.

Originados también en la médula ósea, los linfocitos T maduran en el timo. En este órgano, pasan por la dura escuela de ver morir a muchos de sus congéneres. Sólo los que aprenden a distinguir lo propio de lo ajeno sobreviven. Estos se reagrupan en dos sub-poblaciones: Los que reconoce como propias las moléculas clase I del complejo mayor de histo-compatibilidad, y los que reconocen a las moléculas clase II. Cada uno de los miembros de cada subpoblación está equipado con un marcador de membrana particular (CD8 y CD4 respectivamente). Después de este aprendizaje, los linfocitos T abandonan el timo y migran a los órganos periféricos por las mismas vías que los linfocitos B  si se encuentran un antígeno que proliferan y se diferencian en las células efectoras. Las células de la sub-población CD8 en general se convierten en células asesinas, y  las de la sub-población CD4 en células colaboradoras que produce los factores de crecimiento de los linfocitos, un tercer tipo de linfocitos, definidos por su función, desempeñan  un papel importante en las defensas inmunes; se trata de un grupo heterogéneo de linfocitos que abarca linfocitos nulos (es decir ni T ni B) o en algunos casos linfocitos T inmaduros. Estos linfocitos, llamados células asesinas naturales o NK (natural killers) tienen la propiedad de destruir las células infectadas por virus o células tumorales. Es probable que tenga una tarea importante y las primeras líneas de defensa del organismo y en la actualidad se utiliza en la inmunoterapia de algunos tipos de cáncer.

Agregue un comentario

Required fields are marked *.