4 may
2010

La importancia de la concentracion para el exito

concentracion

No basta con tener objetivos, con apuntarlos. Hay quien se satisface en la banal tarea de escribir lo que quiere alcanzar, y a partir de ahí se dedica a esperar.

El individuo excelente debe concentrarse en el fin que pretende, en el logro único de lo más productivo. No debe marcarse demasiados objetivos, pero aun teniendo pocos, debe actuar sobre uno y después sobre otro.

Dice Clausewitz que una de las claves de la victoria consiste en concentrar toda la fuerza sobre un solo punto del enemigo; a ser posible el mas débil. Concentrar nuestras mejores capacidades en la consecución de un logro único es garantía de éxito.

Nadie es capaz de atacar y defender al mismo tiempo o como se dice popularmente “etar en la procesión y repicando”. En la vida profesional nos vamos a encontrar frecuentemente con un aluvión de tareas; es el momento de de mostrar la eficiencia en el desempeño y la eficacia en la selección. Es aquí donde actuar sobre lo prioritario, sobre esos elementos críticos y minoritarios de los que depende el logro, va a condicionar que nuestro comportamiento se a excelente o, en caso contrario mediocre y caótico.

Todos los desafíos a los que nos enfrentamos son fruto y consecuencia de consecuencia de acciones pasada o incidencias externas no previstas. En relación con las segundas es aconsejable objetivar un comportamiento que evitase en lo posible la aparición de crisis, mediante la atención metódica a lo importante y la observación de los predictores.

Para el resto convendría que nos librásemos de la mayor parte, cuando no sean productivas e imprescindibles. Es imperativo que nos preguntemos periódicamente ¿Es necesario seguir haciendo esto? ¿De no seguir haciéndolo, que pasaría? ; Si la respuesta es “nada”, se deberían eliminar las tareas.

De esa forma podremos tener en mente futuro y objetivos. Si todas las acciones no sorprendentes o impuestas se transforman en rutinarias y delegables, la mayor parte de nuestro tiempo, como resultado consecuente se habría transformado en tiempo creativo.
Hay en todo caso tres tipos de tareas: las rutinarias, las odiosas y las deseables. Estas últimas deberían ser mayoritarias y sería conveniente que surgieran tras una elección inteligente, no vaya a ser que nos dediquemos a solucionar algo que nos divierte mucho, pero que no conduce a nada.

En el afán diario del ejecutivo hay, o debe haber un componente de pasión, de entrega, para que las acciones, una tras otra se conviertan en culminación de objetivos y satisfacción personal. Como en la relación de pareja, el seguimiento de lo rutinario y el cumplimiento con lo odioso, conducen generalmente al fracaso.

La foto via Stock.xchng


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