Cinco señales que eres un mal jefe

Según una encuesta realizada, casi el 85% de los trabajadores de nuestro país desearía ocupar un cargo directivo en su empresa, aunque la mayor parte de ellos, no lo haría para cobrar mas, sino para ascender en su carrera profesional.

Sin embargo la consultora Otto Walter afirma que el 42% de los altos directivos no alcanza el nivel mínimo de aprobación exigido entre sus empleados. Si lo tuyo es mandar quizá sea el momento de hacer un examen de conciencia y ver si eres de los que cae en los cuatro pecados capitales del mal jefe.

El principal problema de los responsables de área es la falta de comunicación con sus empleados. Con la incorporación de de la últimas tecnologías al ecosistema laboral, los directivos son la presa perfecta para lo que los expertos han bautizado como el “efecto blackberry”, que no es otra cosa que contestar a los correos electrónicos y mensajes de texto de sus subordinados con monosílabos.

Escribir únicamente “si” o “no”, quizá sea eficiente, pero nada efectivo para transmitir a un equipo de trabajo matices sobre la tarea a realizar, y tampoco es demasiado educado. “A través de este tipo de comunicaciones los superiores suelen ser cortantes y poco claros con sus subordinados, y esto constituye una invitación a un futuro conflicto”, afirma Barbará Pachter, experta en relaciones laborales.

Dar la cara

Para Patchter, confiar en exceso en el email o la videoconferencia constituye el segundo gran error del mal jefe. Para que las cosas salgan bien en la oficina es necesario que haya conversaciones cara a cara, algo que los directivos inseguros evitan para huir de posibles confrontaciones con sus empleados.

“A nadie le gusta hacer el trabajo sucio”, reconoce la analista, a la vez que afirma que “lidiar con asuntos complicados es una parte importante de las responsabilidades de un jefe”.

En el extremo contrario están los directivos que únicamente hablan con el resto de sus equipo para recriminarles a gritos sus errores. Esta actitud es la peor que toma una persona que ocupa un cargo de responsabilidad. Con voces y desprecios, lo único que se consigue es que el resto de los empleados eviten comentar con el jefe situaciones difíciles del trabajo, que acabaran por explotar cuando ya no tengan solución.

Más horas no equivalen a un mejor trabajo

La última conducta que puede arruinar el buen funcionamiento de una oficina es, según los expertos obligar a los trabajadores a realizar interminables jornadas laborales. En la mayoría de los casos acabaran por perder la motivación, dejaran de ser productivos y ni echando aun más horas, conseguirán cumplir con sus tareas a tiempo.

Aunque después de leer estas líneas creas que no formas parte de ese grupo de los jefes ogros, quizá necesitarías hacerte esta pregunta: ¿Tus subordinados se ponen cada vez más enfermos y evitan cruzarse contigo por los pasillos? Si la respuesta es afirmativa, hay muchas posibilidades de que tu actitud en el trabajo diste de la de ser un buen jefe.

Tomado del diario  “El Pueblo” del dia 3 de abril del 2011

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