AUTISMO INFANTIL

Sin duda, uno de los trastornos que más impresionan a los maestros y a los psicólogos en educación especial es el Autismo, considerado fascinante en sus manifestaciones clínicas y capaz de promover gran incertidumbre en la constelación familiar y aún en la escuela. El término autismo proviene del griego “autos” y significa “si mismo”, “propio” o “yo”.

DEFINICIÓN

El autismo infantil es un desorden del desarrollo que se caracteriza por una falta de conducta social, severos problemas de lenguaje y conductas repetitivas (Liliana Mayo, 1992).

En aquéllos sujetos que estén presentes estos tres grupos de síntomas, se habla de “autismo” o bien de “Trastorno autista”, o de

“síndrome autista completo”. En cambio, cuando estos síntomas se presentan en forma atípica o bien en forma típica sólo para dos grupos de síntomas, es mejor hablar de “Síndrome autista parcial”.

Por último, si existen sólo algunos aspectos, pero no típicos, referibles a dos grupos de síntomas, es bueno hablar de “rasgos autistas” (Zapella, 1998).

El autismo es un trastorno que puede ser transitorio, durante meses o años y luego, también desaparecer de manera espontánea: con frecuencia en estos casos quedan además incapacidades de diversa índole. En otros sujetos el autismo permanece durante toda la vida.

¿Cómo es una persona con autismo?

Físicamente normal, saludable, y no tiene a veces ningún estigma que denote que es una persona especial.

Comúnmente se confunde al autismo con la esquizofrenia, ya que ambos presentan déficits semejantes; sin embargo, varios autores distinguen ambos problemas por la edad en que se presentan cada uno: el autismo aparece desde el nacimiento hasta los dos años y medio o tres años de la niñez, y la esquizofrenia, de los dos años y medio en adelante. Hoy en día se reconoce ampliamente que el autismo y la esquizofrenia son trastornos diferentes.

El término “esquizofrenia infantil” deberá reservarse para aquéllos casos de psicosis infantil cuyos síntomas principian después de los tres o cuatro años de edad y muestran trastornos en los procesos del pensamiento con o sin alucinaciones.

Los niños autistas rara vez o nunca alucinan y la iniciación de su condición invariablemente se presenta dentro de los primeros dos o tres años de vida.

HISTORIA

El primer autor que introdujo el término autismo fue BLEULER, en 1911. Para éste el autismo es el síntoma fundamental de la esquizofrenia, o una actitud particular del esquizofrénico con la que se designa la introversión, la pérdida de contacto con la realidad y la oposición al mundo exterior.

LEO KANNER (1943) fue el primero que describió el síndrome de autismo. En su artículo “trastornos autísticos del contacto afectivo”, acuñó el término autismo infantil, (“Autismo Infantil Precoz o autismo infantil temprano”) partiendo de la observación de 11 niños que presentaban características muy particulares en su forma de actuar, que los hacían cualitativamente diferentes de otros niños, elaboró una descripción del síndrome en las que incluyó las siguientes peculiaridades: inhabilidad para relacionarse con otras personas desde el inicio de su vida, aislamiento externo, lenguaje ausente o con desarrollo retrasado o sobre todo con producciones “extrañas” como ecolalia e inversión pronominal, repetición monótona de sonidos o producciones verbales y neologismos, excelente memoria mecánica, rango limitado en la variedad de actividades espontáneas, manerismos y estereotipias, un deseo ansiosamente obsesivo de mantener todo igual en su entorno, relaciones anormales con la gente y preferencia por cuadros y objetos inanimados. Este autor, hace la diferencia del grupo esquizofrénico, lo cual era necesario debido a que Bleuler consideraba al autismo como un síntoma secundario de la esquizofrenia. La diferencia fundamental, según Kanner, es que el esquizofrénico se retira del mundo, mientras que el autista jamás ha conseguido entrar en él.

El mérito de este autor radica, además de haber sido el que por primera vez describió el síndrome del autismo, en haber sentado las bases para realizar diferentes investigaciones sobre el tema del autismo.

Reunió una casuística de 150 niños y publicó el seguimiento a largo plazo de 42 nii1os; encontrando que la evolución y el pronóstico se asocian a la gravedad de las dos manifestaciones que se pueden considerar primarias: la soledad autista y el deseo ansiosamente obsesivo de mantener todo igual en su entorno. Kanner, hizo una primera descripción sobre los padres, planteando interesantes preguntas sobre la modalidad de interacción familiar en la etiología del autismo.

En los siguientes cincuenta años, si bien se han conservado las principales ideas, han existido cambios de importancia.

Desde que se describió el trastorno en 1943, se han dado grandes pasos en la definición de los síntomas, pero seguimos sin conocer sus bases biológicas, cuyo desentrañamiento permitiría identificar los factores de riesgo y diseñar nuevas terapias.

Otros autores después de Kanner, propusieron nuevos términos para designar al síndrome: Lauretta Bender (194 7) habló de “esquizofrenia infantil”, O. Rank (1949) de “desarrollo atípico del yo”, M.Mahler (1952) de “psicosis simbiótica”, Asperger lo denominó “psicopatía autista” etc., afortunadamente, ninguno de ellos prosperó, por lo que en la actualidad no se emplean. En estos últimos años se le viene denominando “La enfermedad del silencio”.

De 1960 a 1970 se inicia un fecundo periodo de observación de la sintomatología autista. Tinbergen (1962) enfatizará la falta de con tacto ocular (sostenimiento y fijeza de la mirada) de estos niños; Lovas (1965) hará incapié en el retraso intelectual; Makista (1966) se detendrá en la observación de la edad en que comienza este desorden o trastorno (desde el nacimiento hasta los dos años y medio); Rutter y Lockyer (196 7) sintetizan los síntomas del autismo en tres grandes núcleos: (a) alteración de las relaciones sociales; (b) alteración de la adquisición y desarrollo del lenguaje y (e) presencia de conductas rituales y compulsivas. Ornitz y Ritvo (1968) sistematizan las alteraciones de la percepción y de la psicomotricidad autistas.

En los años setenta y ochenta, con la aparición de nuevas técnicas de exploración neurológica, neuropsicológica, neurofisiológica, etc., se da un espectacular avance en el conocimiento de este trastorno. Se inician nuevas áreas de estudio, como la influencia que los aspectos evolutivos tienen en la patología de este desorden: las relaciones entre autismo y epilepsia (Lotter, 1974; Stubbs, 1978; véase Diez Cuervo,

1993) se incorporan con todo derecho las investigaciones metabólicas, psicofarmacológicas y bioquímicas (Campbell, 1974; Rimland, 1974; Yuwiller, 1975, entre otros muchos).

Sin embargo, lo más característico de esta década prodigiosa es la incorporación de las técnicas neurofisiológicas en el diagnóstico (Diez Cuervo, García de León y Gonzáles Sanz, 1988, 1989; Hutt, 1975; Ornitz, 1983, 1985; Small, 1975) y las técnicas de modificación de conducta en el tratamiento. (Hensley, 1978; Lovaas, 1978; Shapiro” 1978; Shopler, 1978). Gracias a ellas, la eficacia terapéutica ha dado un gran salto cualitativo difícil de explicar en otros términos.

Paralelamente a que estas investigaciones seguían su curso, otros autores intentaban encontrar una nueva denominación para este cuadro. Surgió así el término de “idiotas sabios”, con que se les quiso denominar, aunque, por suerte, el término no hizo fortuna.

Tanto se magnificó el carácter de lo “extraordinario” en el comportamiento de estos niños, que se hizo de ellos un fácil mito, sobre el que se podía opinar cuanto se deseara.

EPIDEMIOLOGIA

Se estima que el Autismo afecta de 4 a 5 casos por cada 10,000 nacimientos, dependiendo del criterio de diagnóstico usado. El

Trastorno Autista, a veces también llamado autismo infantil, o autismo infantil precoz, es cuatro veces más común en niños que niñas. Si bien esta diferencia va disminuyendo al aumentar la edad, las niñas que presentan este desorden tienen mayor probabilidad de tener retardo mental más severo.

Clase social

El Autismo ha sido encontrado a través de todo el mundo en personas de todas las razas y niveles sociales (Lorna Wing 1985). Muchos estudios indican una gran representación de clases superiores, pero trabajos más recientes no han confirmado esta distribución. En los últimos 20 años se ha hallado una creciente proporción de casos en las clases sociales más bajas (Kaplan y Sadock, 1993. Pág. 754).

TIPOS DE AUTISMO

El autismo varía grandemente en severidad. Los casos más severos son caracterizados por comportamiento extremadamente repetitivo, no usual, auto dañino y agresivo.

Este comportamiento puede persistir por mucho tiempo y puede ser muy difícil de cambiar, siendo un reto enorme para aquéllos que deben convivir, tratar y educar a estas personas.

Las formas más leves de autismo se asemejan a un desorden de personalidad percibido como asociado a una dificultad en el aprendizaje.

ETIOLOGIA DEL AUTISMO

El autismo no tiene una sola causa. Numerosas teorías han sido propuestas, pero ninguna ha demostrado ser por si sola verdadera y la mayoría de ellas han quedado descartadas.

Las teorías explicativas que imperan hoy día sobre la etiología se pueden agrupar en dos grandes áreas. El primer grupo de hipótesis hace referencia a los factores genéticos y cromosómicos y a las variables neurobiológicas. El segundo integra las hipótesis  que enfatizan los aspectos psicológicos (afectivos, cognitivos, sociales) que subyacen al comportamiento autista. Hemos de aclarar que estos dos grupos de hipótesis explicativas no son incompatibles entre sí. El planteamiento de las hipótesis biológicas no conlleva el rechazo o negación de las otras. La actitud con la que debemos analizar estos intentos explicativos ha de ser integradora y complementaria en aras de un mayor avance interdisciplinar, camino al que nos vemos abocados dada la extrema complejidad con que se nos muestra no sólo el autismo, sino toda la realidad humana.

En los últimos años se habla de enfoques para el estudio de la etiología del autismo y entre ellos tenemos: Dinámico, conductista y biológico.

l. Etiología psicodinámica

Las teorías psicodinámicas del autismo plantean como causalidad las características de personalidad de los padres, en especial de las madres en el desarrollo de este trastorno. Kanner (1943), quien dio nombre al síndrome, concluyó que la causa del autismo es el trato

“frío” de los padres para con el niño, y compara la situación muy acertadamente con un niño “guardado en un refrigerador”. Describió a estos padres como perfeccionistas, fríos y sin sentido del humor que prefieren leer, escribir, tocar música o pensar. Kanner cambió después su punto de vista y ahora cree que el trastorno es “innato”. Freud consideraba la psicosis infantil como una regresión al nivel primario del narcisismo, causada por una fijación en ese nivel. Bettelheim (196 7) supone que el autismo se desarrolla como una respuesta a las actividades extremadamente negativas de los padres con respecto al niño. Para este autor, tienen vital importancia las manifestaciones afectivas que se tengan con el niño, sobre todo en las etapas críticas del desarrollo.

La crítica que se hace a esta teoría es que no explica por qué los demás hijos de la pareja no muestran ninguna tendencia a ser anormales, y ha sido enteramente descartada por rigurosa investigaciones científicas que han demostrado que los padres de niños autistas son tan cálidos y afectuosos como cualesquiera otros padres.

Por desgracia, muchos profesionales de la salud mental continúan culpando a muchos padres que ya soportan la carga de criar un hijo autista. Los padres de niños autistas muestran mucho estrés y se encuentran preocupados en particular acerca del bienestar de sus hijos cuando ellos ya no puedan cuidarlos (Koegel y cols, 1992). A la luz de la investigación actual, no existe ninguna justificación para permitir a los padres pensar que ellos causaron el autismo de su hijo.

2. Enfoque conductual

De acuerdo con el enfoque del análisis conductual aplicado, Ferster (1961) afirma que el repertorio conductual de un niño autista es limitado y su actividad es baja; argumenta que la conducta del niño autista no es reforzada o es reforzada intermitentemente, por lo cual es presentada a baja frecuencia, pudiendo desarrollarse o extinguirse (Galguera, Hinojosa y Galindo, 1984. Pág. 160).

3. Anomalías neuro-biológicas

En la actualidad se acepta que la causa es biológica o producto de un desorden biológico del sistema nervioso que, con frecuencia se encuentra junto con otros síndromes físicos como la epilepsia y el retardo mental (DSM-IV, 1995). La etiología del autismo ha ido encontrando hipótesis orgánicas bastante más sólidas en sus alteraciones neurológicas y cognoscitivas.

Se ha demostrado que la intervención de factores tales como la rubéola, anomalías en el embarazo y parto, niveles anormales de ciertos neurotransmisores, irregularidades físicas leves, ondas cerebrales anormales y alteraciones estructurales en el hemisferio cerebral izquierdo, están íntimamente relacionados con la presencia de este grave problema.

Autores como Rimland (1964), Kallman (1946), y Kety (1959) afirman que, efectivamente el autismo es una forma de psicosis, resultado de una lesión o defecto fisiológico. De Long (1978), por ejemplo, considera que algunos casos de autismo muestran defectos anatómicos que afectan estructuras del lóbulo temporal medio particularmente en el lóbulo izquierdo. Pero también están su frecuente asociación con el retraso mental, con la epilepsia y con varios síndromes neurológicos. Delacato (1974) apoya también esta hipótesis al considerar que los niños autistas sufren un daño cerebral mediano que afecta a todos sus sentidos.

Rutter describe compromiso en el procesamiento de la información secuencial auditiva, presencia-de actividad conwlsiva generalizada hasta en un 50% de adolescentes autistas y gran concordancia en gemelos monocigóticos. Así mismo, el autismo se considera hoy día como un trastorno del desarrollo del lenguaje, acompañado de déficit perceptuales y cognoscitivos, producto de lesiones diversas del SNC, algunas veces con “signos blandos” neurológicos.

Neurofisiológicamente, hay deficiencia en el almacenamiento de información, que pudiera alterar el procesamiento afectivo. No existe una zona cerebral de daño específico para el trastorno autista, sino que se han señalado áreas como corteza, cerebelo, tronco cerebral y aparato vestibular. La escanografía revela variabilidad en la morfología cerebral, a veces con crecimiento ventricular. La resonancia magnética y las autopsias han indicado la presencia de alteraciones cerebelosas en algunos casos. La tomografía por emisión de positrones (PET) ha mostrado aumento del metabolismo de la glucosa en lóbulos frontales de personas autistas (Toro Yepes, 1997. Pág. 278).

Según la especialista, Carmen Quijada (neuróloga infantil) los estudios de personas con autismo han encontrado anormalidades en algunas regiones del cerebro, incluyendo el cerebelo, la amígdala, el hipocampo, el septo ylos cuerpos mamilares.

Las neuronas en estas regiones parecen ser más pequeñas de lo normal y tienen fibras nerviosas subdesarrolladas, las cuales pueden interferir con las señales nerviosas. Estas anormalidades sugieren que el autismo resulta de una ruptura en el desarrollo del cerebro durante el desarrollo fetal. (cuando las células se especializan para formar los diferentes órganos del cuerpo); es decir, a las 20 semanas de gestación.

Otros estudios sugieren que las personas con autismo tienen anormalidades en la serotonina y otras moléculas mensajeras en el cerebro. A pesar de que estos hallazgos son intrigantes, éstos son preliminares y requieren más estudios.

Por su parte, la doctora Patricia M. Rodier (2000) dedicada muchos años al estudio de las lesiones del sistema nervioso embrionario, refiere que entre los efectos del autismo, merecen destacarse los cambios operados en el tronco cerebral (Rev. Investigación y Ciencia, abril, 2000)

La mayoría de los trabajos indican que al menos el 10% y hasta el 83% de los autistas muestran anomalías no focalizadas en el EEG. No existe un hallazgo de EEG específico del autismo infantil; sin embargo, es posible que algunas anomalías sean indicativas de fallo de lateralización cerebral.

Entre 4 y 32% de los autistas desarrollarán crisis de gran mal en algún momento de su vida. Hauser (1975), con la neumoencefalografía, demostró en niños autistas atrofia cerebral regional con predominio sobre el lóbulo temporal izquierdo. También se ha reportado con estudios de tomografía axial computarizada (TAC) una asimetría cerebral invertida (Calderón,

1998). En una minoría de los casos, desórdenes tales como el síndrome del X frágil, esclerosis tuberosa, fenilcetonuria no tratada (Knoblock, 1975), y rubéola congénita causan comportamiento autista. Otros desórdenes, incluyendo el síndrome de Tourette, impedimentos en el aprendizaje y el desorden del déficit de la atención, a menudo ocurren con el autismo pero no lo causan.

4. Estudios genéticos

Estudios recientes fuertemente sugieren que algunas personas tienen una predisposición genética al autismo. Los científicos estiman que, en las familias con un niño autista, el riesgo de tener un segundo niño con el desorden es de aproximadamente 5%, o uno en 20, lo cual es mayor que el riesgo para la población general.

La concordancia del autismo infantil en los gemelos monocigóticos es significativamente mayor que en los gemelos dicigóticos. Los trabajos y estudios clínicos sugieren que los miembros no autistas de las familias de autistas comparten varios problemas de lenguaje u otros problemas cognitivos con el paciente, si bien de gravedad mucho menor. Estos hallazgos implican cierto apoyo a las influencias genéticas.

Ciertos estudios de gemelos realizados en el Reino Unido confirman que el autismo tiene un componente hereditario, al par que sugieren la intervención complementaria del entorno. Si los factores fueran los únicos implicados, los gemelos monocigóticos (idénticos), que comparten los mismos genes, deberían tener también una probabilidad del 100% de coincidir en el diagnóstico. No sucede así. Cuando uno de los gemelos es autista, el otro sólo tiene una probabilidad del 60% de que se le diagnostique la misma afección. Ese segundo gemelo muestra, sin embargo, una probabilidad del86% de desarrollar algunos de los síntomas del autismo. De las cifras se desprende la existencia de factores modificadores de la predisposición genética.

5. Anomalías bioquímicas

Los investigadores también se han interesado en el papel que desempeñan los neurotransmisores en el trastorno autista. Aunque no se han demostrado marcadores bioquímicos específicos, parece existir respuesta autoinmune al antígeno cerebral en niños autistas; algunos de ellos registran elevación de serotonina plaquetaria y niveles anormales de neurotransmisores y de sus metabolitos en sangre o LCR.

Sin embargo, la investigación de los factores bioquímicos en el autismo es difícil de interpretar. Los estudios a menudo usan medidas intelectuales y conductuales diferentes y pueden estudiar subgrupos distintos de personas autistas. Algunos niños autistas tienen niveles elevados de serotonina y dopamina. El significado de esta elevación todavía no está claro, pero sugiere una línea de investigación promisoria.

CARACTERISTICAS DEL AUTISMO INFANTIL

Rutter (1978) enfatiza cuatro grupos de síntomas que caracterizan más este desorden y son:

– Una gran dificultad para desarrollar relaciones sociales.

– Anormalidades en el lenguaje

– Alteraciones cognitivas.

– Presencia de conductas ritualistas o compulsivas.

1. Alteraciones de la conducta social

Los problemas que presentan los niños autistas en su conducta social es quizás el rasgo más conocido no sólo en la comunidad científica que investiga la problemática autista, sino también entre la sociedad.

Así, cuando se habla de un niño autista, la imagen que nos viene a la cabeza es la de un niño extravagante, encerrado en sí mismo, que no habla ni juega con nadie, como si viviera únicamente consigo mismo, ignorando al resto del mundo, inci’Liso a sus padres y hermanos. Esto significa que el niño autista no interactúa con otras personas prefieren estar solos.

El desarrollo de la conducta social del niño autista va produciéndose en ausencia casi absoluta de reciprocidad social y respuesta emocional.

Está claro que el déficit social es más evidente en los primeros años de vida, de ahí que la mayoría de las descripciones sobre las alteraciones sociales de los niños autistas se refieran a las primeras etapas de la vida de estos niños y no a las etapas posteriores en las que se produce una frecuente variabilidad de estas alteraciones a lo largo del desarrollo. La compleja variabilidad observada en el comportamiento social llevó a algunos autores a proponer subtipos de autismo en función de la alteración social predominante en el niño. De esta forma Siegel y colaboradores (1986) basaron su tipología en los factores conductuales, Fein y colaboradores (1985) en las habilidades cognitivas, o Wing y Gould (1979) y Wing y Atwood (1987) hicieron incapié en las características sociales de estos niños.

Wing y Gould (1979) establecieron tres patrones distintos de relación social a partir de su estudio epidemiológico: “aislado”, que evita la interacción de forma activa; “pasivo”, que soporta pasivamente la relación social, pero no la busca; y “activo pero extravagante”, que interactúa de un modo extraño o excéntrico.

A pesar de estas pautas diferenciales, podemos observar’ algunas conductas específicas de los niños autistas como la ausencia de contacto con los demás (o un menor contacto) y carencia de vínculo con los padres. Parece como si no “necesitaran” a sus padres. Con frecuencia estos niños no gritan para llamar la atención como hacen los niños normales, no buscan el contacto afectivo (besos, ternura), no son capaces de seguir visualmente a las personas, evitan las miradas de los padres o muestran una mirada “vacía”, carecen de expresión emocional, y nunca manifiestan conductas anticipatorias de ser cogidos en brazos. Si interactúan tienden a tratar a otras personas más como objetos que como personas (Shreibman & Koegel, 1981).

Otra de las características esenciales del autismo reflejada de igual forma por Kanner (1943), Rutter (1978a) e incluso en el DSM-IV (1994), es la preocupación que tiene el niño autista por preservar la invariabilidad del medio. Estos niños muestran, con frecuencia, una hipersensibilidad al cambio. Manifiestan una gran resistencia a los cambios ambientales o a las modificaciones de sus pautas habituales, respondiendo a estos cambios con fuertes berrinches, incluso autolesionándose y oponiéndose sistemáticamente a cualquier clase de cambio.

2. Alteraciones del lenguaje

La alteración de la comunicación está generalizada en el autismo. Tanto la comunicación verbal como la no verbal están afectadas.

No es de extrañar que con frecuencia sean los especialistas del área del lenguaje (Logopedas, terapeutas del lenguaje, psicólogos, etc.) los primeros en atender las demandas de los padres de los niños autistas, que aún no llegan a comprender el alcance del problema que muestra su hijo.

La comunicación “intencional” activa y espontánea, que suele desarrollar el niño normal desde los 8-9 meses se ve muy perturbada o limitada en los niños autistas. La falta de sonrisa social, mirada a las personas, gestos y vocalizaciones comunicativas son varias de las características más evidentes de su conducta. Estas dificultades se hacen aún más patentes a partir del año y medio o dos años de edad, en la que los niños normales hacen progresos muy rápidos en la adquisición del lenguaje y las conductas simbólicas. Los niños autistas que llegan a hablar lo hacen de forma característica, con unos patrones lingüísticos cualitativamente diferentes de los niños normales y de los niños con otros trastornos del habla (Rutter, 1965; Ricks y Wing, 1976). Además, un alto porcentaje de autistas, se estima entre un 50%, no desarrolla un lenguaje funcional. De esta población sólo un 5% presenta una capacidad intelectual suficiente para adquirir el lenguaje, aunque con déficit muy graves de comprensión, mutismo y ecolalia (repetición de las palabras o frases dichas por los demás).

Los autistas hablantes, además de adquirir el lenguaje de forma tardía, hacen un uso muy peculiar de él. En el lenguaje propiamente dicho, el niño autista presenta gran dificultad en el uso de los ponombres personales (la inversión pronominal) cuando el niño se refiere a sí mismo utilizando “tú” o “él”. Es decir, el “yo” generalmente es sustituido por el “tú” o “él” (como por ejemplo, cuando quiere pedir algo: “¡mamá, él quiere comer un caramelo!”

Además de estas dos alteraciones, que quizá sean las más conocidas, el niño autista presenta muchas otras fallas tanto o más graves que los anteriores. Siguiendo con el lenguaje expresivo, muestran alteraciones fonológicas, semánticas, defectos en la articulación, monotía y labilidad en el timbre y en el tono de voz, y reiteración obsesiva de preguntas entre otras. También los niños autistas tienen alterado el lenguaje receptivo, ya que presentan dificultades para atender y/o percibir la información, bajo nivel de comprensión gestual, etc. Además, cuando hablan, con frecuencia no lo hacen con fines comunicativos.

El lenguaje expresivo no verbal (gestual) de los autistas también se encuentra alterado. Podemos observar discrepancias entre el lenguaje verbal y no verbal, muecas, tics y estereotipias, además de alteración o ausencia de contacto ocular.

3. Alteraciones motoras

Otra característica de los niños autistas, incluida en los criterios diagnósticos, hace referencia a los restrictivos patrones de conductas repetitivos y estereotipados.

La conducta estereotipada también denominada conducta auto estimuladora, ha sido descrita como un comportamiento repetitivo, persistente y reiterado, sin otra función aparentemente que proveer al niño de retroalimentación sensorial o cinestésica (lovaas, Litrownik y Mann, 1971). Estas conductas pueden incluir movimientos de balanceo rítmico del cuerpo, saltos, carreras cortas, giros de cabeza, aleteos de brazos o manos, o posturas extravagantes.

Dentro de la motricidad más fina, este comportamiento puede incluir miradas a ciertas luces, “observar” la mano en cierta postura, mirar de reojo, girar los ojos o tensar los músculos del cuerpo.

También se observan estereotipias motoras con materiales, como observar insistentemente un objeto giratorio, dar vueltas a una cuerda, etc.

En todos estos comportamientos parece que el núcleo central lo integra la estimulación visual y auditiva.

Las conductas autolesivas más dramáticas en los autistas son: golpearse en la cabeza, morderse las manos (Rutter y Lockyer, 1967), golpearse los codos, las piernas, arrancarse el pelo, arañarse la cara y autoabofetearse. Incluso se han relatado casos de haberse arrancado las uñas a mordiscos o hundirse los ojos (Lovaas y Simmons, 1969).

Lateralidad. La mayoría de los niños autistas sufren un trastorno de la lateralización que podría ser un retraso de desarrollo. Siguen siendo ambidextros a una edad en la que se establece la dominancia cerebral en sus hermanos y otros niños normales (Kaplan y Sadock, 1993. Pág. 756).

4. Alteraciones Cognitivas

A pesar de la falta de acuerdo que hay entre los autores, parece quedar claro que existe un déficit generalizado en las diferentes áreas del desarrollo cognitivo. Los procesos atencionales, sensoriales, perceptivos, intelectuales, etc., se hallan claramente alterados en estos niños.

De los procesos cognitivos, los que más atención han recibido son los procesos sensoperceptivos y la capacidad intelectual, procesos que acaparan la mayor parte de la literatura existente sobre las cuestiones cognitivas relacionadas con el autismo.

a) Capacidad intelectual

Hasta hace pocos años se tenía la visión de que el niño autista tenía una inteligencia normal; su buena memoria automática, la ausencia de anormalidades físicas, etc., parecían apoyar la hipótesis de Kanner (1943). Sin embargo, los datos acumulados hasta el presente sugieren todo lo contrario.

Al aplicárseles pruebas de C.I. aproximadamente un 60% de las personas autistas obtienen un puntaje por debajo de 50; un 20% tienen un CI entre 50 y 70; y 20% obtienen un CI de 70 para arriba (Gillberg, 1988; Maltz, 1982).

Parece ser que los niños autistas tienen notables habilidades para la música, mecánica las matemáticas, y orientación espacial (por ejemplo, al hacer rompecabezas), pero muestran un retraso severo en otros campos como en las tareas que requieren un procesamiento secuencial (Hermelin y O”Connor, 1971, 197 5; O”Connor y Hermelin, 1973; Ritvo y Freeman, 1978). Las investigaciones posteriores han ratificado estas conclusiones.

Parece claro que los autistas procesan la información de forma cualitativamente diferente a los sujetos no autistas. Una diferencia de este procesamiento diferencial se constata en el análisis de sus “habilidades especiales”, o también llamadas por los investigadores cognitivos “islotes de habilidad”.

Nos referimos a las capacidades intelectuales que con frecuencia permanecen extraordinariamente intactas y en algunos casos son superiores en los autistas. Es de todo conocido la habilidad que tienen algunos de estos sujetos para memorizar listados, como la guía telefónica, memorizar las cartas de póker, etc.

b) Déficit sensorial

Otra característica esencial del autismo es la respuesta anormal que estos niños tienen ante la estimulación sensorial. Sin embargo, a pesar de la cantidad de datos aportados sobre esta alteración conductual, no podemos concluir que se trate de un problema perceptivo, sino más bien de sus procesos atencionales, que son cualitativamente diferentes del resto de los sujetos. Un niño autista puede no responder a un ruido intenso y responder melodramáticamente al oír el ruido que se produce ya pasar la hoja de una revista. De la misma forma, puede no ver un objeto claramente visible y advertir un caramelo que se encuentra a más distancia, o un hilo tirado en el suelo. A diferencia de los niños normales e incluso aquéllos con retardo mental, los niños autistas de 3 a 4 años de edad no reaccionan ante la fotografía de su madre, pero reaccionan al observar la foto de un juguete conocido.

La afectación de la capacidad de reconocer caras puede ser uno de los primeros indicadores del desarrollo cerebral anormal en el niño autista.

Esta anormalidad en la respuesta del autista se suele dar también en otras modalidades sensoriales como el olfato y el tacto. En ocasiones hay sospecha de ser ciegos o sordos.

CURSO

Por definición, el inicio del trastorno autista es anterior a los 3 años de edad. En algunos casos los padres explican que se preocuparon por el niño desde el nacimiento o muy poco después, dada su falta de interés por la interacción social. Durante la primera infancia las manifestaciones del trastorno son más sutiles, resultando más difíciles de definir que las observadas tras los 2 años de edad. En una minoría de casos el niño puede haberse desarrollado normalmente durante el primer año de vida (o incluso durante sus primeros 2 años). El trastorno autista tiene un curso continuo. En niños de edad escolar y en adolescentes son frecuentes los progresos evolutivos en algunas áreas

(p. ej., interés creciente por la actividad social a medida que el niño alcanza la edad escolar).

Algunos sujetos se deterioran comportamentalmente durante la adolescencia, mientras que otros mejoran. Las habilidades lingüísticas (p. ej., presencia de lenguaje comunicativo) y el nivel intelectual general son los factores relacionados más significativamente con el pronóstico a largo plazo. Los estudios de seguimiento realizados hasta la fecha sugieren que sólo un pequeño porcentaje de niños autistas llegan a vivir y trabajar autónomamente en su vida adulta. Alrededor de un tercio de los casos alcanza algún grado de independencia parcial. Los adultos autistas que funcionan a un nivel superior continúan teniendo problemas en la interacción social y en la comunicación, junto con intereses y actividades comúnmente restringidos (DSM-IV p. 72-73).

SINTOMATOLOGIA ASOCIADAS AL AUTISMO

Como sintomatología asociada tenemos que del 20% al 30% de los autistas desarrollan epilepsia y el 80% presentan retardo mental. Dunlap, Robbins, Dollman y Plienis (1988) estiman que 3 de 4 niños con autismo tienen retardo mental.

DIAGNOSTICO DEL AUTISMO

Este punto se ha convertido en uno de los principales problemas a enfrentar, debido a que nos encontramos en un campo particularmente debatido y que constantemente está sujeto a revisiones. Se han hecho muchos esfuerzos por establecer un criterio diagnóstico objetivo y confiable. Actualmente exísten dos alternativas utilizables para llevar a cabo el diagnóstico, el primero y más utilizado corresponde a lo que podríamos llamar una metodología cuantitativa, a través de los manuales diagnósticos que se encuentran en constante revisión como es el DSM-IV y la CIE-10. Y, el segundo, en la que el diagnóstico debe basarse en la observación de los tipos de conducta propios del autismo y de una rigurosa evaluación del comportamiento social y de/lenguaje, así como de la detección de actividades estereotipadas y repetitivas.

La evaluación debe ser amplia, extensa y multidisciplinaria, e incluir un historial y una evaluación médica y psicológica.

Los investigadores y terapeutas han desarrollado varios conjuntos de criterios para el diagnóstico del autismo. Algunos criterios usados frecuentemente incluyen:

Juego imaginativo y social ausente o limitado.

Habilidad limitada para hacer amistad con sus iguales.

Habilidad limitada para iniciar o mantener una conversación con otros.

Uso de lenguaje estereotipado, repetitivo o no habitual.

Patrones de intereses restringidos que son anormales en intensidad y foco.

Aparente inflexibilidad y apego a rutinas específicas o ritos.

Preocupación por las partes de objetos.

CRITERIOS DIAGNOSTICOS SEGUN LA DSM-IV

Después de una serie de cambios en lo referente al concepto de autismo a través del tiempo, los principales sistemas de clasificación nosológica, DSM-N y CIE-1 O, han reagrupado los criterios diagnósticos en comportamentales y un criterio cronológico. El criterio del DSM-IV para diagnosticar el Trastorno Autista se define a continuación: ·

CRITERIOS DE DIAGNOSTICO PARA EL TRASTORNO AUTISTA

A. Un total de seis (o más) ítems del (1), (2) y (3), con al menos dos del (1) y uno del (2) y del (3).

1) Compromiso cualitativo de la interacción social, manifiesto por al menos dos de los siguientes:

a) Compromiso marcado en el uso de múltiples conductas no verbales, tales como contacto visual, expresión facial, posturas corporales y gestos que regulan la interacción social.

b) in-capacidad para establecer relaciones coetáneas apropiadas al nivel de desarrollo.

c) Ausencia de la búsqueda espontánea para compartir disfrute o placer, intereses o logros con otras personas (p.e.; dejar de mostrar, traer o señalar objetos de interés).

d) Ausencia de reciprocidad social o emocional.

2) Dificultades cualitativas en la comunicación manifiestos por al menos uno de los siguientes:

a) Retrasos o ausencia de lenguaje oral (no acompañadas de intento para compensarlas por medio de modos alternos de comunicación, tales como gestos o mímica).

b) En individuos con habla adecuada, compromiso marcado de la habilidad para iniciar o sostener una conversación con otros.

e) Uso estereotipado y repetitivo del lenguaje o lenguaje idiosincrático.

d) Falta de juego fingido o simulado variado y espontáneo, o juego social imitativo apropiado al nivel de desarrollo.

3) Patrones repetitivos, restringidos y estereotipados de comportamiento, intereses y actividades, manifiestos al menos por uno de los siguientes:

a) Preocupación cerrada o circunscrita a uno o más patrones estereotipados y restringidos de interés, que es anormal en intensidad o enfoque.

b) Adherencia aparentemente inflexible a rutinas específicas, no funcionales o a rituales.

c) Manerismos motores estereotipados y repetitivos (p.e.; aleteo o torcedura de manos o dedos, o movimientos complejos de todo el cuerpo).

d) Preocupación persistente con partes de objetos.

B. Retrasos o funcionamiento anormal en al menos una de las áreas siguientes, con inicio anterior a la edad de 3 años: 1) interacción social, 2) uso del lenguaje en la comunicación social, o 3) juego simbólico o imaginativo.

C. El problema no se define mejor por un Trastorno de Rett o por un Trastorno Desintegrativo de la Niñez (APA, 1994, pp70- 71).

DIAGNOSTICO DIFERENCIAL

Este debe hacerse con:

l. Esquizofrenia infantil

Comúnmente se confunde al autismo con la esquizofrenia, ya que ambos presentan déficits semejantes; sin embargo, varios autores distinguen ambos problemas por la edad y las características psicopatológicas que presentan cada uno: el autismo se da desde el nacimiento hasta los dos años y medio, y la esquizofrenia, después de los 5 años, con presencia de historia familiar de psicosis, alteraciones del pensamiento (delirios), alteraciones de la percepción (alucinaciones), déficit psicomotrices y pobre salud física (Wing, 1976).

Por otra parte, las respuestas a los distintos tratamientos parecen discriminar entre la esquizofrenia y el autismo infantil. La esquizofrenia responde mejor al tratamiento psicofarmacológico (Goldfarb, 1969), y el autismo responde mejor a las técnicas de modificación de conducta (Polaino, 1982).

2. Impedimentos auditivos

Las personas con dificultades auditivas no responden a aquéllos sonidos que no pueden oír. Sin embargo, sí responden a los sonidos que pueden oír. Las relaciones personales generalmente no se ven afectadas. Las personas con impedimentos auditivos buscan gente para interacciones personales y dan y reciben afecto normalmente.

A pesar de que su comunicación puede ser limitada, debido a su impedimento auditivo, ellos de todos modos tratan de comunicarse con los demás, a través de gestos, señales y mímica. Las personas con autismo se caracterizan por no tratar de comunicarse con /os demás. En el niño autista la respuesta a sonidos es inconsistente; el niño con problema exclusivo de hipoacusia trata de comunicarse en cualquier otra forma coherente.

3. Disfasia evolutiva

La disfasia evolutiva se puede definir como un retraso en la adquisición del lenguaje y la articulación. Por tanto, los niños disfásicos comparten con los autistas diversa sintomatología relacionada con la adquisición del lenguaje. Entre estas características comunes cabría destacar la ecolalia, la inversión pronominal, los déficit de la secuenciación y los déficit en la comprensión del significado de la palabras. Pero, está claro, que los déficit que presentan los autistas en el lenguaje son más graves y complejos que los problemas de los niños disfásicos.

Los niños disfásicos conservan su capacidad comunicativa, mediante el uso del lenguaje no verbal, manifiestan las emociones y son capaces de llevar a cabo juegos simbólicos (Wing, 1976).

4. Mutismo selectivo

El niño acostumbra a manifestar unas habilidades para la comunicación adecuadas. Aunque sólo lo haga en ciertos contextos, y no experimenta la grave afectación de la interacción social ni los patrones restringidos del comportamiento asociados al trastorno autista.

5. Retardo mental

Los niños con retardo mental, como los afectados por el síndrome de Down, conservan su capacidad de interacción social y de comunicación, siendo en numerosos casos incluso mejor que la de los niños normales. Otro aspecto diferencial entre autistas y retrasados mentales e el desarrollo físico, que permanece normal en los primeros y se ve afectado en los segundos. En general, los niños con retardo mental muestran un pobre rendimiento en todas las áreas intelectuales, en tanto que los niños autistas pueden tener conservadas e incluso potenciadas las habilidades no relacionadas con el lenguaje, como la músiea, las matemáticas o las manualidades (Rimland, 1964; Rutter, 1978b).

6. Privación ambiental

Aunque no se puede considerar a la privación ambiental como una categoría diagnóstica, si está claro, y la literatura refleja una gran diversidad de casos, que es un agente causante de problemas y déficit en el desarrollo infantil. Así la privación maternal, el abandono, los abusos y malos tratos y la institucionalización pueden provocar efectos desoladores en el desarrollo infantil, como ya relatara ampliamente Spitz (1945). Sin embargo, estos niños, a pesar de que reflejen déficit o retraso en diversas áreas, como la psicomotricidad, el habla, la afectividad, etc., cuando se les sitúa en un ambiente estimulante comienzan a recuperar esas habilidades aparentemente pérdidas o inexistentes, algo que no sucede en los niños autistas, que en la mayoría de los casos no recuperan esas habilidades deficitarias.

PRONÓSTICO Y RESULTADO

El autismo infantil tiene un curso crónico y un pronóstico muy reservado. Por regla general, el mejor pronóstico es el del niño autista con CI alto (superior a 70) y uso del lenguaje comunicativo entre los 5 y los 7 años. Quizás el 5% de los autistas pueden trabajar productivamente a finales de la adolescencia o primera edad adulta. Si se comparan con los niños normales en edad y CI, los autistas tienen menor potencial de productividad. Hay que destacar que es muy raro que un niño autista llegue a ser un adolescente o adulto “normal”; sólo el 1 ó 2% a lo sumo lo consiguen. El pronóstico también es mejor si el ambiente o el hogar es superior y capaz de satisfacer las excesivas necesidades de estos niños.

TRATAMIENTO DEL AUTISMO

El tratamiento del autismo es de acuerdo a los enfoques descritos. Hasta el momento no se dispone de ningún tratamiento que haga que los niños autistas vuelvan a la normalidad. En el tratamiento del autismo infantil, se emplea fundamentalmente, métodos farmacológicos, modificación de conducta y métodos educativos. Lo mejor será la combinación de estos tres métodos de tratamiento.

Terapia farmacológica

Los médicos pueden recetar una variedad de medicamentos para reducir la conducta auto dañina u otros síntomas problemáticos del autismo, así como condiciones asociadas tales como la epilepsia y los desórdenes de atención. La mayoría de estos medicamentos afectan los niveles de serotonina u otros químicos mensajeros en el cerebro.

Una gran variedad de tratamientos médicos han sido usados para el control de autismo: cirugía, terapia electro convulsiva, fármacos, hormonas y vitaminas. La medicación antipsicótica, específicamente con haloperidol, parece reducir el aislamiento y facilita la adquisición del lenguaje, los movimientos estereotipados y la agitación nerviosa. Sin embargo, a largo plazo puede producir problemas motores y otros efectos secundarios en muchos niños (Gadow, 1991). De manera reciente, se ha encontrado que la fenfluoramina (ponderal) incrementa el periodo de atención y disminuye la hiperactividad en algunos niños autistas. Este medicamento inhibe la ingestión de serotonina en las terminales nerviosas y bloquea a los receptores de la dopamina (Campbell y cols, 1987). Sin embargo, la realidad es que al interrumpirse el tratamiento con la Fenfluoramina se deteriora nuevamente la conducta. En aquéllos tipos de autismo donde pueden identificarse anormalidades metabólicas, a veces una dieta junto con la administración de medicamentos pueden ser beneficiosos. Un ejemplo de esta clase, es el autismo causado por exceso de ácido úrico en la sangre.

La intervención educación/ conducta

El objetivo del trabajo psicológico consiste en elaborar un programa de intervención individualizada que tienda a: incrementar las habilidades del niño y a modificar el entorno para superar las deficiencias y la disrupción. En lo que respecta a la familia, lo que se busca es lograr que todos los miembros comprendan y enfrenten las dificultades del niño con el fín de propiciar que el ambiente de aprendizaje sea más positivo. Los padres necesitan asesoramiento y apoyo y a menudo es preciso convencerlos de que no son responsables de la afección del niño. También necesitan información sobre las escuelas o instituciones a los que pueden recurrir.

Pero, un paso importante en el tratamiento es aliviar los sentimientos de culpabilidad de los padres: 1) porque se les ha inducido a creer que, de cierto modo, su errónea crianza ha producido la afección; 2) A causa de su antagonismo, consciente o inconscientemente hacia el hijo que no se adapta a las normas usuales de conducta infantil. La censura de las reacciones negativas de los padres debe evitarse; en lugar de ello, debe elogiárseles por su tolerancia y comprensión.

Es oportuna una explicación de la naturaleza del síndrome. El hecho de que los componentes del síndrome los conozca el médico, es una fuente de alivio para los padres que luchan con un problema que escapa a su comprensión. Si es posible, al niño debe proporcionársele una persona extrovertida, en su hogar o en su escuela, que pase horas cada día con él. La madre tranquila y retraída difícilmente es la persona indicada para poner de manifiesto cualquier tendencia latente hacia la socialización que pueda tener el niño.

Las estrategias terapéuticas que se utilizan dependen de las potencialidades de aprendizaje del niño y de los requisitos familiares, según el estilo de vida y las necesidades del centro para lograr un espacio de aprendizaje con resultados positivos.

Modificación de conducta

El modelo conductual trata de comprender la conducta de los niños con autismo analizando todas las variables que podían influenciar la adquisición de sus conductas y el mantenimiento de sus conductas disruptivas. Los investigadores actualmente y clínicos constantemente están tratando de buscar procedimientos efectivos y menos aversivos.

“Tratemos a estos niños con autismo como quisiéramos que a nosotros se nos trate” (Liliana Mayo, 1992).

Con los métodos conductuales se han hecho algunos progresos, tales como enseñarles el lenguaje y otras habilidades de adaptación social, así como lograr disminuir ciertas conductas inadecuadas. Las técnicas conductuales más variadas se emplean con éxito para la adquisición de determinadas conductas en el autismo infantil.

Fundamentalmente, estas técnicas se encaminan a crear:

– Mecanismos básicos de atención, especialmente, mediante estímulos visuales y auditivos.

– Conductas instrumentales para conseguir fines.

– Conductas básicas de imitación.

– Conceptos simples y complejos.

Se usarán técnicas de adquisición de nuevas conductas, para mantener las positivas o para eliminar las negativas.

Por ejemplo, para adquirir nuevas conductas se podrán usar: el refuerzo positivo, el moldeamiento por aproximaciones sucesivas, refuerzo negativo, el modelamiento o el principio de Premack. Para eliminar conductas se aplicarán métodos como: conductas de extinción

“tiempo fuera”, castigo positivo, estímulos aversivos condicionados, reforzamiento de conductas incompatibles, costo de respuesta, saciedad, práctica positiva, cambio de estímulos. Técnicas para mantener determinadas conductas: de refuerzo continuo, diferencial de tasa alta, reforzamiento intermitente.

Son importantes para los niños autistas los programas dirigidos a establecer el contacto ocular o programas de imitación generalizada, programas de consignas sencillas y programas de habilidad de autonomía.

La reeducación del lenguaje es fundamental, también, en el niño autista y en general en las psicosis infantiles. Los autistas tienen alterado tanto el proceso como el producto lingüístico (alteraciones sociales y semánticas). Exíste alta variabilidad en la competencia lingüística de estos niños dependiendo de algunos síndromes asociados. Si el C.I. del autista es igual o inferior a 50 la ausencia total de cualquier tipo de vocalización o estereotipos lingüísticos sin significado tiene una frecuencia de 60-70%. Cuando el C.I-:- es superior a 70 se observa cierta competencia lingüística, sin embargo, existe una desviación de la pausa normal de desarrollo en componentes semánticos (contracción y asimilación de significados). De igual modo, un mismo sujeto puede cambiar a lo largo del desarrollo. Se ha observado que los niños con mejor nivel lingüístico al comienzo del tratamiento tienen mejor pronóstico.

Un estudio de seguimiento de niños autistas tratados por Lovaas (1987) usando un programa de modificación de conducta intensivo indicó que la mayoría había mejorado y casi la mitad obtuvo puntuaciones en el rango normal en pruebas intelectuales. Ferster enfatizó el condicionamiento operante y el aprendizaje discriminativo, ofreciendo evidencias que el niño autista es capaz de aprender tareas simples. (Lovaas y Smith, 1988, citado por Wicks- Nelson y Allen, 1991).

Tienen mejor pronóstico para hablar los niños que imitan, comprenden frases sencillas y juegos, que los que no son capaces. Del mismo modo, para favorecer el desarrollo social se debe procurar establecer una interacción recíproca y significativa para el alumno.

Exísten otros medios y técnicas que favorecen la relación con el niño autista, una de esas técnicas es la musicoterapia. El profesor

López Ibor en la presentación realizada de esta técnica en la Universidad Complutense el año 1970 concluía:

– Que los niños autistas y con problemas emocionales graves reaccionan con gran intensidad al influjo musical.

– Poseen un sentido innato de belleza. La música preferida es la de órgano, arpa, guitarra y piano.

– Las composiciones de mala calidad inhiben e irritan a estos niños.

– Una música sedante mueve a la acción.

– No toleran una música, acentuadamente, rítmica.

Se debe tener muy en cuenta la intervención con la familia, pues el niño mejorará en un ambiente positivo y cuando los padres participen activamente en su educación, Es conveniente, asimismo, que los adolescentes y adultos autistas reciban un adiestramiento ocupacional que les permita desempeñar una actividad remunerada y prepararse para su futura convivencia en albergues apropiados, ya que la familia no puede protegerlos indefinidamente.

Es importante propiciar las condiciones para que solo una minoría de autistas estén recluidos en instituciones psiquiátricas y para que todos tengan acceso a los beneficios del diagnóstico precoz y de una educación continuada.

El desafío de trabajar con niños autistas es una tarea compartida por muchos -médicos, psicólogos, trabajadores sociales, terapeutas del lenguaje, audiólogos, maestros- pero de manera más importante esta tarea le corresponde a los padres.

REGLAS: Generalización y Mantenimiento

Siempre planear para que lo que se les enseña se mantenga y generaliza y las estrategias a usar según: Stokes y Baer (197 7) y LeBlanc (1987; 1992):

– Usar el enfoque funcional- natural (LeBianc, 1992).

– Hacer el ambiente de enseñanza los materiales y los refuerzos, todo lo más parecido a su ambiente natural.

– Dar muchos ejemplos de lo que se está enseñando.

– Diseñar una enseñanza sin errores.

– Usar el enfoque del amigo (LeBlanc, 1990; 1991; 1992).

– Uso de reforzadores sociales cuando la persona con autismo haga una conducta apropiada. Refuerzo social ocurre en cualquier parte y cualquier persona lo puede aplicar.

¿Por qué no usar reforzadores primarios?

– Son reforzadores artificiales y no naturales.

– Existían sólo en los lugares limitados donde se realizaba el entrenamiento.

– Los alumnos se saciaban de los reforzadores de comida y después no querían trabajar.

– Usar reforzadores de forma intermitente.

– Enseñarles a resolver problemas y entrenarlos en programas de autocontrol.

– Hacer un análisis funcional de la conducta inapropiada para determinar los posibles factores motivacionales que la persona ha tenido para hacerlo. Analizar el mensaje que nos envía con su conducta.

– Participación de los padres en los procedimientos de enseñanza.

Los siguientes son seis objetivos básicos que se deben lograr en el tratamiento de niños con trastorno autista:

l. Detener el comportamiento extraño e  inapropiado que evita que el niño autista se relacione y se comunique con los demás.

2. Aumentar el tiempo de duración de la atención y las habilidades perceptuales necesarias para trabajar las habilidades educativas.

3. Ayudar al niño a aprender a cuidarse así mismo.

4. Dar oportunidades para que el niño se socialice con otros.

5. Estimular la cantidad y calidad del lenguaje para aumentar la capacidad de comunicación.

6. Entrenar a los padres para ayudarles a proporcionar estas experiencias educativas y de comunicación a sus hijos.

El problema del autisrno es un campo de especialización y en Urna contamos con el Instituto Ann Sullivan donde se trabaja de manera sistemática este problema, utilizando los métodos de la terapia de la conducta.

OTROS DESORDENES GENERALIZADOS DEL DESARROLLO

TRASTORNO DE RETT

El Trastorno de Rett, también llamado síndrome de Rett es un desorden neurológico progresivo que se inicia en los primeros años de vida. Este síndrome sólo ha sido reportado en las mujeres. La DSM-N y la CIE -1 O refieren que es un desorden caracterizado por un periodo de desarrollo normal por lo menos hasta los cinco meses después de nacido, seguido por la pérdida de las habilidades previamente adquiridas.

El síndrome de Rett fue denominado así en reconocimiento al investigador pionero de esta alteración infantil, el científico suizo

Andreas Rett, que describió por primera vez el síndrome en 1966 como un trastorno exclusivo del sexo femenino, ya que sólo lo detectó en niñas.

La degeneración ocurre al menos en 5 áreas:

Primero, a pesar que las niñas nacen con circunferencia de la cabeza normal, ellas presentan degeneración del crecimiento de la e<1beza entre los 5 a los 48 meses de edad.

Segundo, pérdida de la intencionalidad de las habilidades manuales entre los 5 y 30 meses de edad y el subsecuente desarrollo de los característicos movimientos estereotipados semejantes a escribir o lavarse las manos.

Tercero, pérdida de la interacción semejante al autismo.

Cuarto, el desorden de Rett está caracterizado por una coordinación pobre de la marcha.

Finalmente, el desorden de Rett comprende un impedimento severo del desarrollo del lenguaje y es usualmente acompañado de retardo mental severo.

Síntomas asociados. Se ha reportado que suelen presentarse muecas faciales, rechinar dientes y problemas respiratorios.

Según la DSM-IV (1994) frecuentemente está asociado a retardo mental grave o profundo, observándose con gran frecuencia alteraciones en el EEG y trastornos convulsivos. Las técnicas de neuro imagen demuestran existencia de anormalidades no específicas.

Curso

El patrón de regresión es la característica distintiva. Se inicia antes de los 4 meses de edad, frecuentemente en el primer o segundo año de vida y el trastorno persiste a lo largo de toda la vida. La recuperación suele ser limitada.

Diagnóstico diferencial.

Como criterio diferencial con el autismo no se detecta en el síndrome de Rett el ensimismamiento característico del autismo, ni las conductas ritualistas o estereotipadas.

Difiere del trastorno de Asperger y del trastorno desintegrativo infantil por haber sido diagnosticado sólo en mujeres, su inicio y características del déficit. Mientras en el transcurso desintegrativo infantil el periodo de desarrollo normal suele ser hasta los 2 años, en el desorden de Rett es hasta sólo los 5 meses. Y mientras en el desorden de Asperger no hay grave alteración del lenguaje en el desorden de Rett esta alteración es grave tanto en lenguaje expresivo como en el comprensivo.

DESORDEN DE ASPERGER

Klinger y Dawson (en Mash y Barkley, 1996) refieren que asperger (1944/1991) describió un grupo de niños con síntomas semejantes a los del autismo de Kanner pero sin retardo mental o retraso significativo de lenguaje. Recién en los últimos años los investigadores lo están estudiando como un síndrome distinto

Existe poca consistencia en las investigaciones por tanto es difícil hacer afirmaciones contundentes sobre el desorden, pero en general se está de acuerdo que el desorden comprende un relativamente intacto funcionamiento de la inteligencia y el lenguaje formal acompañado por impedimentos en la interacción social recíproca que suelen estar asociados al autismo. Adicionalmente han sido caracterizados por presentar intereses idiosincráticos que pueden ser apropiados en el contenido pero siempre de inusual intensidad. Algunas veces se ha reportado incremento de motricidad “desmañada”. Tanto la DSM-IV (1994) como la CIE-10 (1992) definen al desorden de Asperger como un impedimento sustancial de la interacción social junto al desarrollo de conductas e intereses restrictivos y repetitivos: A diferencia del autismo no suelen presentar retrasos clínicamente significativos del lenguaje, funcionamiento cognitivo o conducta adaptativa.

Existe controversia de si el desorden de Asperger es un desorden distinto al autismo o es sólo una manifestación del síndrome autista, o inclusive una forma leve de autismo. No existen mayores diferencias en ambos grupos en la presencia de conductas rutinarias o repetitivas o ritualistas.

TRASTORNO DESINTEGRATIVO DE LA NIÑEZ

El Trastorno Desintegrativo de la Niñez, llamado algunas veces como “síndrome de Heller”, “demencia infantil” o “psicosis desintegrativa”, es un trastorno extremadamente infrecuente, es una clara regresión en múltiples áreas de funcionamiento (tales como la habilidad para moverse, el control de esfínteres anal y urinario, y habilidades sociales y de lenguaje) tras un periodo de al menos 2 años de desarrollo aparentemente normal. Por definición, el Trastorno Desintegrativo de la Niñez sólo puede diagnosticarse si la aparición de los síntomas viene precedida de un periodo de desarrollo normal de al menos 2 años, y la regresión aparece antes de los 1 O años (APA,

1994). El criterio de la CIE-10 es idéntico a excepción del criterio de los 10 años.

Síntomas y trastornos asociados

Según la DSM-IV (1994) el trastorno desintegrativo infantil suele estar asociado a retraso mental grave. Pueden observarse manifestaciones neurológicas no específicas, aunque no se han identificado mecanismos concretos de alguna alteración del sistema nervioso.

Prevalencia

Los datos son limitados, se acepta que es más frecuente en varones.

Curso

Se diagnostica si los síntomas van precedidos de un periodo de dos años de desarrollo normal; su inicio es antes de los 1 O años. El inicio puede ser insidioso o súbito. Algunos signos premonitorios suelen incluir niveles de actividad incrementados, irritabilidad y ansiedad seguidos de una pérdida del habla y otras habilidades, a veces después de las pérdidas se puede producir una mejoría pero Imitada. En la mayoría de los casos su duración se extiende a toda la vida.

Diagnóstico diferencial

En oposición al desorden de Asperger el desorden desintegrativo infantil se caracteriza por la pérdida clínicamente significativa de habilidades previamente adquiridas y una mayor probabilidad de retraso mental. En el desorden de Asper9.er no hay tales pérdidas.

BIBLIOGRAFIA

Jacobo Bustinza,  Félix. (2008) Psicología Excepcional: Estudio de niños y jóvenes con necesidades educativas especiales. Arequipa, Perú.

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